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Mis pobres seguidores en Twitter y Facebook deben estar un poco hartos de la militancia que estos días he mantenido en contra de cambiar el estatus fiscal de la Iglesia católica, especialmente en relación al IBI (lo que antes llamábamos contribución) por sus inmuebles, después de que desde diferentes fuerzas políticas -desde ayuntamientos del PP hasta la dirección del PSOE- lo reclamaran. Mis argumentos, que expuse aquí, pretendían poner de relieve por qué son estas exenciones (no a todos los inmuebles, ni mucho menos) y quién recibiría las consecuencias. No "la jerarquía", o "Roma", sino un silencioso y numeroso entramado de iniciativas sociales y pastorales que, entre otras cosas, ahorran dinero al Estado. Añadía que me dolía especialmente las primeras declaraciones que hacía el PSC, partido donde milito, abolutament contradictorias con su trayectoria y -si conocemos bien lo que hablamos- con sus objetivos.
 
 
Decía que he dejado aturdidos a quienes hayan tenido la atención de seguirme en estas dibólicas redes sociales porque reconozco que he estado muy activo. Me parecía una gamberrada, como me parece toda tentación ya no anticlerical sino, sobre todo, de considerar la religión y lo que le rodea como un estorbo, como un problema, como algo que debe quedarse encerrado en casa, como una comida de coco, como un síntoma de la ignorancia, como una opresión. Especialmente si es católica. Es como si desde Marx hasta hoy unos y otros no hubiéramos entendido nada. Ni hubiesen existido Gramsci, Comín, o el padre Llimona (en la foto), pongamos por caso. Y pasa, también, que algunos dirigentes actuales (no sólo del PSC, pasa en todas partes) conocen siquiera la Iglesia por el que vomitan algunos prelados en la televisión e ignoran la de su ciudad. Pero le conviene a todos que la izquierda tenga discurso, y discurso positivo, ante el hecho religioso. Y eso no quita ni una pizca de crítica cuando conviene, tanto de unos como de otros (y los que estamos en el medio) ni hace que, obviamente, nadie pretenda que todos los de izquierdas sean cristianos y todos los cristianos de izquierdas .
 
 
El ejemplo de lo que estoy diciendo se encuentra en este mismo asunto del IBI. Grandes corporaciones bancarias e industriales españolas que tienen sedes en edificios históricos tampoco pagan este impuesto a tenor del incremento teórico de gastos que supone el mantenimiento de un edificio así. ¿Cómo es que en un partido de clase, cuando habla del IBI, sólo se le ocurre la Iglesia?
 
 
Por suerte, la dirección del PSC ha demostrado sensatez. Sea por lo que sea. Para no convertir este tema en el centro deldebate político, como si fuéramos marcianos. Para no abonar enfrentamientos internos que ya aparecían y que tampoco interesan a nadie (el alcalde Àngel Ros, que defendía la posición que hoy ya es oficial, era tildado de cruzado al servicio de la jerarquía). Porque deben haber leído los argumentos de personas muy más atinadas que yo. Para no hacer el ridículo pidiendo que se pague lo que ya se paga. Para no equivocarnos de enemigo. O, me gustaría pensar, porque un partido que quiere transformar la realidad que vive y gobernar debe tener objetivos ambiciosos y necesita aliados que persigan objetivos similares. Y entre la Iglesia (por otra parte, tan heterogénea) y la izquierda hay bastantes. El terreno común,por ejemplo, de la 'caritas' (que no es la 'caridad' de lo que da lo que le sobra sino el compromiso solidario entre las personas), da por correr mucho, todavía. Sólo hace falta que vayamos por la calle. Y ya se sabe lo que dice el canto: "Ubi caritas et amor, Deus ibi est". Ibi.
 
 
Así que Pere Navarro, alcalde de Terrassa y primer secretario, informó que la Comisión Ejecutiva del PSC circunscribe la necesidad de pagar el IBI a aquellos inmuebles que generan actividad económica (lo que ya recoge la Ley y lo que ya se hace, o sea, que todo igual como ahora) y "da libertad a los alcaldes del PSC" para que lo cobren o no. Hombre, yo en eso habría sido más drástico: que cobren lo que la ley dice. Y pasemos a otro punto del orden del día más importante, por favor.