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Primero fueron algunos ayuntamientos castellanos gobernados por el PP y después se sumó IU. A continuación, tras años y años oponiéndose, se le añade el PSOE y-lo que más me duele- el primer secretario de mi partido. En medio de la semana en que se descubre el inmenso engaño de Bankia, en medio de un incipiente debate sobre si CiU debe rectificar o no su decisión de perdonarles el impuesto de sucesiones a las fortunas más grandes (esto sí que es un escándalo), se ve que es más fácil mirar hacia otro lado y pedir que los inmuebles de la Iglesia tributen el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles, la antigua contribución). Por suerte, hay algunas personas bastante informadas como y se oponen, como la alcaldesa socialista de Astorga (el palacio episcopal de la que es obra de Gaudí, por cierto, ver foto). Avui s'hi ha pronunciat, també en contra, l'alcalde de Lleida, el també socialista Àngel Ros. Ha sido el día antes de que la dirección del su partido, que es el mío, convocada para mañana, se ve que no tiene otra cosa que hacer que plantearse esta cuestión y pedir que la Iglesia pague el IBI por sus inmuebles "siempre que no sean edificios destinados al culto ni a servicios sociales de primera necesidad", según ha declarado el alcalde de Sabadell. Bueno, debe ser lo mejor que se puede hacer contra la crisis de la prima el riesgo que hemos tenido hoy, supongo.
 
La Iglesia ya tributa
 


Es decir: ¿la parte de los conventos y residencias religiosas que no está destinada al culto, o los museos, tributarán a partir de ahora? Lo digo porque, en realidad, en este momento no se aplican sólo los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, que ya eximen los lugares de culto o las escuelas concertadas (religiosas o no), por ejemplo, sino que el resto de exenciones con que cuenta la Iglesia se regulan a partir de la Ley de Mecenazgo del año 2002, como lo hacen otras entidades y fundaciones deportivas, sociales o culturales sin ánimo de lucro y que son (véase este artículo de Fernando Giménez Barriocanal en El Economista) ...

 

Centros de asistencia social;hospitales; investigación científica: gestión de Bienes declarados de interés cultural; representaciones teatrales, musicales, Cinematográficas y circenses: gestión de parques y Espacios naturales protegidos; Centros de Enseñanza regular: Realización de exposiciones, conferencias y cursos; elaboración, edición, publicación y venta de libros, revistas y material multimedia; prestación de Servicios de carácter deportivo (salvo para profesionales); Actividades Económicas complementarias a la actividad principal de la corriente, y Actividades de pequeña Cuantía (inferior a 20.000 al año).

 

¿Esto quiere decir que el resto de entidades que se acogen también tributarán, a partir de ahora? Porque, claro, si lo que se pretende es que la Iglesia abone el IBI y los tributos del resto de actividades ... resulta que eso ya lo hace. Actividades como aparcamiento, explotaciones agrarias, repostería, restauración, etc ... ya tributan. Y no sólo el IBI. (Por cierto, parece que un nuevo proyecto de ley de mecenazgo está enfrentando a los Ministerios de Economía y Educación y Cultura).
 
 
¿Por qué tiene exenciones?
 
 
Las tiene, como en el resto de entidades citadas, porque -a tenor de la promoción que pretende el mecenazgo e independientemente del interés de sus fines, que son muy importantes -ahorra muchos recursos al Estado. En mi ciudad, por ejemplo. ¿Cuánto costaría la custodia, el estudio y la promoción del patrimonio local que atesora el Museo-Archivo de Santa María de Mataró? ¿Podríamos pagar los recursos en dependencia que significarían sustituir las siervas de María o los frailes de San Emilio que atienden ancianos y discapacitados, respectivamente? ¿Qué pasaría si las carmelitas o las capuchinas, ante el reto de no poder hacer frente a los gastos, se vendieran su patrimonio medio de la ciudad al mejor postor inmobiliario? ¿Dónde pondríamos las innumerables actividades sociales en todos los barrios que se hace en los locales de las parroquias que no se destinan al culto?
 
 
Ya no digo que proteger la experiencia religiosa (que va más allá del culto) sea un valor más allá de los que la practican, que lo es (¿o sólo vale lo que es rentable?). O que la labor social es impresionante. O que el Estado -quizás- debería empezar por garantizar todo lo que otros tienen que correr a resolver por la vía solidaria en lugar de acribillado estos últimos con impuestos (los mismos que se han negado a los ricos en la supresión de el impuesto de sucesiones para este tramo). Digo, tan sólo, que la jugada nos puede salir mucho más cara. Y pensando que nos meamos encima Rouco acabamos rasgando un poco más esta tan cacareada cohesión social. Ahora, que es cuando acumula más riesgos.
 
 
Ahora, los 'míos'
 
 
A los cristianos, entre los que me encuentro, me gustaría decirles que no sufran. Este no es un escrito corporativista. Se puede ser perfectamente cristiano y cumplir con la labor social de la Iglesia aunque sea más difícil. En mi entorno católico, más bien hay una mayoría refractaria a ningún privilegio, por lo que no sufro tanto por la libertad religiosa (es decir, no creo que haya 'persecución', como dicen algunos oportunistas) como por los beneficiarios silenciosos de la tarea que lleva asociada.
 
 
A los socialistas, entre los que también me encuentro, me gustaría decirles que no podemos perder el norte y que nuestra preocupación deben ser las clases más desfavorecidas. Y en cuanto a reformas fiscales, generales o municipales, hay mucho campo por recorrer, aunque tanto para corregir las enormes desigualdades (y fraudes), como para desarrollar antiguos y nuevos trubutos locales que nos hagan también más responsables. Pongámonos por la labor y seremos creíbles. Y busquemos aliados, no nuevos (o viejos) enemigos. Hagamos cosas como éstas y aspiraremos, como mucho, a tener el papel testimonial de los partidos ideológicos que han perdido el contacto con la realidad.