Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

La semana pasada, Barcelona acogió el Atrio de los Gentiles. Seguro que, a través de CatalunyaReligió.cat, habéis podido seguir los diferentes actos que llenaron la ciudad de Barcelona. Desde el MNAC, hasta el acto final en la Basílica de la Sagrada Familia. El eje de las reflexiones y de los debates se ha centrado sobre el arte, la belleza y la trascendencia, que han sido el hilo conductor de las cuatro sesiones.

Durante estos días la ciudad de Barcelona ha acogido un nuevo encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, de acuerdo con el obispado de Barcelona, cogiendo el testigo que dejó París. El próximo año el Atrio tendrá lugar en Estocolmo y el objeto del diálogo será el ateísmo. Una de las preguntas que centraron los debates fue presentada por el profesor Pere Lluís Font, moderador de la sesión en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, ​​cuando se preguntaba -cuestionando, en cierta medida, el mismo título de la sesión- si la "belleza salva". La belleza ¿nos salva?
 
Esta pregunta me ha acompañado este fin de semana. Más allá del concepto "salvación" y de su recepción en nuestra cultura y su dificultad a explicar su sentido, especialmente a las generaciones más jóvenes, creo que la pregunta es indispensable para saber ajustar y enfocar los grandes temas en su lugar. Honestamente yo no sé si la belleza salva, tal vez sólo es un camino para adentrarnos en el misterio de la vida, del mundo, de Dios. Muy probablemente, la experiencia mística derivada de la experiencia estética nos abre las puertas a Dios y a su obra.
 
Con todo, la pregunta está ahí: ¿nos salva, la belleza? ¿No creéis, más bien, que es el Amor el que salva? ¿No creéis que la "caritas cristiana", ejercicio de donación al otro desde la gratuidad, ejercicio de seguimiento de Jesús al servicio de los más pobres, es el camino de Salvación?
 
Probablemente, sólo la belleza es camino de salvación si nos lleva a vivir la experiencia radical del Amor.