Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

El conflicto social que vive el país, fruto de la agresión al estado democrático de bienestar y a los derechos de las personas, y que parece que irá in crescendo en la medida en que prosigan las fórmulas neoliberales para salir de la crisis, es la rebelión de los ciudadanos contra la renuncia como única vía de salvación. Es una evidencia que la rebelión se va propagando en la medida en que los recortes van llegando a colectivos cada vez más amplios entre los que cabe contar ahora también el funcionariado, los profesionales liberales ... y que se va difundiendo entre las capas sociales medias. Es otra evidencia que los discursos reaccionarios de los gobiernos tanto de España como de Cataluña confunden deliberadamente el problema con la solución.

Recortar el gasto público, los servicios de protección social, reducir los salarios y renunciar a derechos laborales ¿es la solución, como proclaman el gobierno, los empresarios, instituciones financieras y la derecha en general? O más bien es el problema, como denuncian los ciudadanos cada vez más indignados y también cada vez más asfixiados? Problema y solución son dos caras de una misma realidad.

La renuncia que se nos propone para salir de la crisis responde a la misma lógica que la creó. Si la cara del sistema es el despilfarro, el aliento del consumo y el endeudamiento, en la misma lógica, la reducción de prestaciones, salarios y derechos laborales será la cruz. Pero como dicen algunos, el problema no es la crisis sino el capitalismo. La crisis sólo es una oportunidad para el cambio. No debe marcar un camino de vuelta o de recomposición como quiere la derecha neoliberal sino abrir otro camino. En la nueva senda la única renuncia debe ser al exceso. Es pues un camino de nivelación y reparto, donde el recorte sólo debe plantearse en el ámbito de los beneficios y la fiscalidad, y no en el ámbito de las rentas del trabajo, la protección social o los derechos laborales.