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Un dissabte a Natzaret
7 abril 2012
 

Ayer, durante la celebración de la pasión de Jesús, escuchando la narración que hace el evangelista Juan, me di cuenta que el texto tiene una cierta simetría en torno a la actitud de buscar. El evangelio empieza con la busca de Jesús por parte de los soldados romanos y la guardia del templo y la narración acaba mencionando dos discípulos, José de Arimatea y Nicodemo, que a escondidas también buscaban a Jesús. En los dos fragmentos también se detecta una actitud de miedo. Este es explícito en Jose de Arimatea y Nicodemo, el primero tenía miedo de los judíos y el segundo iba a ver a Jesús por la noche, amparado por la oscuridad que todo lo esconde. Los soldados y la guardia eran desproporcionadas para detener a una sola persona. ¿De que tenían miedo estos hombres armados?
 
La muerte de Jesús y la posterior resurrección tiene que vencer los miedos que nos atenazan en nuestra confesión creyente en medio de un mundo que tiene pocas noticias de Dios. Los cristianos tenemos que saber responder en nuestra sociedad, a la luz de la plaza pública cual es la razón de la nuestra esperanza. En medio del nuevo Areópago los cristianos tenemos que encontrar respuestas comprensibles a la pregunta de Pilat en el pretorio: Y la verdad, ¿qué es? Los cristianos de hoy tenemos que proclamar con convicción que el camino hacia la verdad pasa para proclamar el texto de Isaías que Jesús leyó un sábado al inicio de su predicación en la sinagoga de Nazaret “El Espíritu del Señor reposa sobre mí, porque me ha ungido. Para anunciar a  los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar  a poner un año de gracia del Señor.” (Lc 4,18-19). Por eso ayer, en el momento de la adoración de la cruz, cantábamos: “Adoramos, Señor, vuestra Cruz, alabamos y glorificamos vuestra santa resurrección: por este árbol ha venido el gozo a todo el mundo”.