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Siempre se ha acusado a la jerarquía eclesiástica de tener tortícolis de mirar tanto hacia Roma y demasiado poco hacia sus diócesis. La verdad es que, en los últimos años, la tortícolis en Cataluña se ha ido agravando en algunos casos pero no sólo por mirar hacia levante sino, sobre todo, hacia poniente; por eso de que los galones los reparten en Madrid.

Esta paradoja estrábica viene al caso para comentar el último libro de Enric Juliana, Modesta España, en el que dedica un interesante capítulo a los temas eclesiales. El badalonés Juliana bebe de dos fuentes que sabe complementar muy bien, las romanas cultivadas en su época de corresponsal en Roma, y la realidad que ahora palpa desde La Vanguardia en Madrid.

Aunque el tema del libro es mucho más amplio, es de lectura recomendada por el breve pero buen diagnóstico que hace sobre lo que le ha pasado a la Iglesia catalana en los últimos años; por lo que viene de Roma, y ​​por lo que viene de Madrid. En este caso, diagnóstico sin estrabismos y con la siempre envidiada prosa de Juliana. Sólo criticaría que no hay que ir repitiendo, como les gusta a algunos, que Barcelona "sigue siendo la ciudad más laica de Europa". Está suficientemente documentado que no es así.

Por un lado, describe las causas de lo que siempre se ha dicho que el pontificado de Juan Pablo II no comprendió nunca la realidad catalana, -que se junta al hecho de que se cortaron de raíz las vías directas que algunos catalanes ilustres, en particular montserratinos, tenían con el papado.

Por otra parte, al adentrarse en el pontificado de Benedicto XVI, reconoce el giro en este tema, visualizado con la visita a Barcelona. Un cambio que responde a la perspectiva de la Secretaría de Estado que reclama a la jerarquía española "afinar mejor el mensaje" y les recuerda que la "línea la marca Roma". Aquí no hay vicepapas (y se acaba la COPE de Losantos).

Y en este punto es relevante el aviso de Juliana de que "seria erróneo deducir de ello que el Vaticano ha efectuado un viraje ‘procatalanista’. La Santa Sede seguirá teniendo como principal prioridad en España la continuidad y estabilidad de la monarquía católica y se alejará de cualquier factor que pueda alterar este fondo histórico. La novedad está en las formas y en el estilo. Hay algo nuevo en la mirada de Benedicto XVI. El deseo de comprender. La inteligencia."

Aviso estratégico, pues.

Es cierto que gran parte de los pequeños capítulos de la historia con los que Juliana ilustra este análisis ya eran conocidos y publicados por él mismo en La Vanguardia, especialmente desgranados durante la visita del Papa a Barcelona. Pero Modesta España ofrece otros nuevos, hasta ahora desconocidos. Como el de que el cardenal Rouco no quiso abrir el Atrio de los Gentiles en Madrid.

"Una de las iniciativas más inteligentes del actual pontificado, dice Juliana, es el Atrio de los Gentiles como respuesta al reto que tiene la Iglesia de "sugerir" y "atraer", en lugar de dogmatizar. Así, en su primera etapa, como previa al inicio oficial en París se estaba preparando para la primavera de 2011 un debate en Madrid entre el cardenal Gianfranco Ravasi y el filósofo Antonio Marina, dirigido a un público restringido y organizado por la revista católica Vida Nueva, pero... "al tener noticia de la iniciativa, el Arzobispado de Madrid hizo saber a los responsables de Vida Nueva que un acto de aquellas características no era de su agrado". Y se acabó la historia. Ahora, el 17 y 18 de mayo, Barcelona acoge el Atrio de los Gentiles con los brazos abiertos.

Y así, concluye: "Hay cosas en España que no tienen arreglo, y el carácter visigótico e intransigente de una parte de la jerarquía eclesiástica es una de ellas”. Y como muestra remarca que “es interesante observar cómo la Iglesia desempeña hoy en España un papel importante como red última de protección social y, a la vez, la jerarquía es incapaz de formular una reflexión pública sobre la crisis económica". Línea Juliana.