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Sé que nos encontramos en una situación económica, política y social difícil. Sé que los niveles de desempleo son importantes, especialmente en los sectores más vulnerables. Sé, además, que nos faltan escenarios de futuro que ayuden a orientar nuestro futuro. Vivimos un presente precario, sacudido por noticias contradictorias y comportamientos pocos ejemplares, donde la banalidad, la estulticia y el egoísmo parecen estar presente un poco por todas partes.
 
 
Estoy convencido de que los europeos vivimos el final de una época. Tras más de un siglo de pérdida progresiva de poder, Europa ya no se encuentra en el centro de la política internacional y ya no es un actor decisivo en la esfera internacional. Los flujos económicos que enriquecían nuestras economías nacionales están cada vez más lejos de nuestras fronteras. Nuestra incapacidad para construir una unidad política y económica europea se convierte en el ejemplo de nuestra ceguera colectiva. Aparecen nuevamente discursos ultranacionalistas y xenófobos que recuerdan lo peor de nuestra historia europea reciente.
 
 
La ultraderecha y los movimientos populistas que emergen un poco por todas partes, son el ejemplo del miedo que se está instalando en nuestro continente. Un miedo que cada día cobra más importancia, que inmoviliza muchas a personas y familias, que frena inversiones y proyectos, que recluye al país en un estado de apatía general y de incertidumbre, que lleva a la inmovilidad y la desesperanza.
 
Para vencer las dificultades tenemos que vencer el discurso del miedo. Y venceremos el discurso del miedo si somos capaces de afianzar lo mejor de nuestra tradición humanista, emprendedora, dialogante, democrática, social y cristiana. Si somos capaces, también, de proyectar un modelo de convivencia exigente y, a la vez, solidario, innovador y más transparente, equilibrado y más cooperativo, ahorrador y riguroso.
 
 
También, para vencer el miedo, necesitamos relatos de esperanza. Los medios de comunicación deberían asumir la enorme responsabilidad que tienen en este contexto. Demasiadas veces sólo aparecen noticias negativas, escándalos y miserias humanas que favorecen la alarma y el desánimo social. Y, sin embargo, en el mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestro barrio, día a día, encontramos relatos, hechos y personas que nos apuntan en otra dirección. Los medios de comunicación deberían hacerse eco de muchas otras noticias que también existen y que quizás nos ayudarían a imaginar que un mundo mejor y diferente es posible.
 

Saldremos de la crisis si vencemos el discurso del miedo y ofrecemos relatos de esperanza y compromiso.