Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(TSKV / Eloi Aran) 

Dicen que, antes, cuando había acomodadores en el cine, si no les dabas propina te "chivaban" el final de la película: "El asesino es el mayordomo". De esto, explicar el final de la historia, lo llaman "spoiler" que, según la wiki, quiere decir "malogrado", desentrañar el argumento. Los spoilers suelen dar mucha rabia, porque no te dejan disfrutar de la narración, te expolían la necesidad de ponerte dentro de la historia, de acompañar a los personajes o de identificarte con ellos. Como identificarte con el mayordomo si ya sabes que es un asesino?, ¿Cómo reír un chiste si ya te explican la gracia?.

 

Pues bien, Jesús es un gran spoiler, de hecho, el mayor de los spoilers de la historia porque, en él, tenemos la revelación del último sentido de la Historia, él desentraña qué es el Hombre y quién es Dios, que no es poca cosa. Ahora bien, lo más curioso del caso es que esta revelación no es algo que nos impida ponernos en la historia sino que, precisamente, es porque conocemos qué es lo que vale la pena de la Historia, que no tenemos excusa para malogrado la nuestra pequeña y breve historia cotidiana. ¿Qué alumno no estudiaría las respuestas al examen si tuviera las soluciones a mano? Pues, como dice un místico castellano: "Al final de la vida tiene examinarán en el amor" (S. Juan de la Cruz).

Ahora se acerca la Pascua, que es la fiesta más grande de los cristianos, aquella en que cada año se celebra el mismo y de la que ya sabemos el final pero, sin embargo, la repetimos una y otra vez. ¿Dónde queda el "suspense" de esta película que nos atrae año tras año? Queda colgado en un misterio de amor que no nos podemos acabar de tragar, suspendido en la cruz, donde las autoridades suspenden la vida del pretencioso spoiler que dice ser el Hijo de Dios y escuchar su voluntad. No podían tolerar que alguien supiera el final de la película, y que ésta se resumía en una palabra: ¡Abba, Padre. Que estas fechas sean un homenaje y un seguimiento del mayor spolier de la Historia, para poder llegar al Domingo de Pascua y hacer nuestra la oración anónima que algunos atribuyen a San Francisco Javier:

 
"No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera."