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Poblet siempre ha pasado por un monasterio austero y discreto. Pocas veces es noticia y sólo hay algunas apariciones puntuales cuando los periodistas les van detrás de un tema atractivo como el de los monjes ecológicos .

Dentro de esta discreción, está el cartel que tienen pegado en la puerta de la iglesia con el que me topé este domingo y puse en el Twitter. Por lo que veo, esta práctica de dedicar los donativos de las misas del fin de semana (seguramente las más cuantiosas) a Cáritas, está en marcha desde noviembre, sin ser noticia.

Me gustó porque es un signo más de las cosas que están haciendo la gente de Iglesia en este contexto. En los últimos años no he ido a ningún grupo o encuentro eclesial en el que se hable de la crisis y no se plantee también qué debe hacer personalmente cada uno con lo que tiene en el bolsillo. Y muchos lo hacen. Discretamente, como una opción personal o de grupo.

Pero es que, además, no lo hacen ahora. Lo han hecho siempre. Algunos con opciones bien radicales, y otros más limitadas, incluso contradictorias, pero generosas. De hecho, valdría la pena hacer una encuesta para ver qué parte dedican los cristianos (y los hombres y mujeres de buena voluntad) de su sueldo a este tipo de iniciativas sociales. Estoy seguro de que, en general, saldríamos bien parados (aunque algunos quedarían bien retratados).

La respuesta a la crisis se concreta con el trabajo de Cáritas en cada parroquia, con las ONG y fundaciones de las órdenes religiosas, o con las escuelas cristianas que dejan de cobrar cuotas, pero, sobre todo, con lo que hace cada uno con su conciencia. Y no por la crisis, sino porque hace años que en muchos ambientes eclesiales se trabaja y se plantea la necesidad de concretar también la parábola del Buen Samaritano en la cuenta corriente. Aunque nadie nos pase cuentas en la tierra.