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Hoy es miércoles de Ceniza, momento de inicio el tiempo de Cuaresma. Empieza todo el periodo dedicado a la purificación del corazón y, especialmente, es un tiempo que invita a la conversión personal que permite mirar de nuevo el rostro Dios a través de Jesús. La conversión cuaresmal abre el camino hacia la experiencia de la resurrección que da todo el sentido a la manifestación máxima del amor de Jesús: su muerte en cruz.

A lo largo de la Cuaresma hay que cultivar la vida interior para dialogar con un mismo y abrirse a la purificación interior. Es un tiempo largo que invita a meditar sobre el mismo sentido de la existencia y descubrir los momentos de enemistad con Dios. A partir de este diálogo interior podemos experimentar la necesidad de reconciliarnos con el amor de Dios a través de su perdón. Esta actitud de renovación interior nos tiene que permitir percibir que el amor tiene más fuerza que el odio o el olvido de amar. El perdón invita a una nueva oportunidad de vivir porque nos abre en la posibilitado de enmendar las obras pasadas. Aprovechamos el tiempo de Cuaresma, cómo ha propuesto recientemente Benedicto XVI, para meditar hasta qué punto somos testigos de la caridad cristiana y adoptar algún signo sencillo que nos permita vivir interiormente el sentimiento de sentirnos necesitados del perdón porque somos pecadores.