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Hace pocos días pudimos disfrutar de una noche temática en TV1 sobre la vida y obra del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Una miniserie de dos capítulos, seguida de un debate y de un documental. La coproducción de TVE y RTVV consiguió un 18,2% de share con más de 3 millones de espectadores de media: líder de audiencia y ejemplo del trabajo que debe hacer la televisión pública. Se puede recuperar aquí .

A pesar de que viví la transición cuando sólo tenía dieciocho años, guardo todavía recuerdos nítidos y entrañables de aquellos años. No sé honestamente si los dos capítulos de la serie son capaces de retratar al personaje y su época, pero sí que apuntan a tres datos que son indispensables para recuperar nuestra memoria eclesial:

1) Con Juan XXIII y el Concilio Vaticano II - dentro de poco se cumplirán los 50 años de su convocatoria- la Iglesia Católica comienza un proceso de alejamiento y de cuestionamiento del régimen franquista y del nacional-catolicismo imperante en España. Roma, abrazada a las democracias cristianas europeas y a la Gaudium et Spes, cuestiona una dictadura militar aunque oficialmente se define como católica. El aliento del Concilio y las instrucciones de la Plaza San Pedro empujan a la Iglesia española a una rotura suave con el régimen y a promover un sistema político en consonancia con el entorno europeo. En este sentido creo importante reconocer el papel positivo y de conciliación que jugó la Iglesia durante la transición.

2) La tarea de guiar este proceso de transición eclesial, que favorecerá también la transición política española, es liderada por el Cardenal Tarancón, con aliados incondicionales como el obispo Añoveros, el arzobispo Yanes o el Cardenal Jubany, con una fuerte oposición eclesial interna -la serie recuerda el papel del obispo Guerra Campos- y también una fuerte oposición política. Una transición que tiene el apoyo de la Santa Sede durante el papado de Pablo VI y que acaba con Juan Pablo II. Entiendo que la aceptación inmediata de la renuncia del Cardenal, por motivos de edad, del todo inusual, en 1981, representa el inicio de un giro histórico de la Iglesia española.

3) Las transiciones se llevan siempre por delante a  los mediadores que suelen ser los mejores. Por el papel eclesial y político que jugó el Cardenal Tarancón, sorprende el silencio de estos últimos veinte años sobre su persona y en especial por todo lo que representó. En estos años parece que el sector eclesial derrotado durante la transición haya tomado el control, borrando una sensibilidad eclesial clave en muchos sentidos en nuestra historia reciente.

Esta miniserie nos ha permitido recordar aspectos de nuestra historia reciente, historias que para las generaciones más jóvenes parecen imposibles, recuerdos lejanos pero todavía muy vivos para mi generación. En los años 80 la Iglesia en España dio un vuelco y la pregunta que me queda es muy sencilla: El péndulo ¿parece haber dado ya sus ciento ochenta grados?