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Para Basilio está claro que la finalidad de la vida humana es la plena participación en la vida divina. Habiendo sido creados a imagen de Dios de forma pasiva, necesitamos hacer uso de nuestra libertad para acceder a la semejanza con Dios. El Espíritu de Dios nos empuja a vivir de acuerdo con el querer de Dios, nuestra respuesta es decisiva: podemos ahogar la acción del Espíritu en nosotros o podemos abrirnos a ella.
 
Así como los cuerpos nítidos y transparentes, cuando un rayo incide en ellos, resplandecen y irradian un nuevo fulgor, así las almas que llevan el Espíritu, ilustradas por el Espíritu, se vuelven espirituales y difunden la gracia en los demás.
De ahí proviene todo: la previsión del futuro, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de los carismas, la participación en la vida celestial y en la danza de los ángeles, el gozo perdurable, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios, y lo más deseable: hacerse dios (9:23).

 
Debido al pecado, el paso de la imagen a la semejanza no puede ser simple continuidad, no puede ser sólo el despliegue de una potencialidad que deja intacta o refuerza la identidad inicial, más bien, como en el caso de la semilla, necesitamos una verdadera transformación (1Cor 15, 51), tenemos que 'morir para volver a nacer'.
 
La economía de nuestro Dios y Salvador sobre el hombre consiste en hacerle volver de su exilio y recuperarlo para la intimidad de Dios desde la alienación producida por la desobediencia. (...) Por consiguiente, para la perfección de la vida es necesaria la imitación de Cristo no sólo en los ejemplos de dulzura, de humildad, de paciencia que nos ha dejado durante su vida, sino también de la misma muerte , como dice Pablo, el imitador de Cristo: 'Configurado con su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos' (Flp 3,10-11) (15,35).
 
Basilio refleja el convencimiento de los cristianos del movimiento ascético monástico de finales del siglo IV, en su identificación de la 'muerte' que nos permite 'nacer de arriba' con el bautismo:

¿Cómo, pues, parecernos a él en la muerte? Cosepultados con él en el bautismo. ¿Cuál es el modo de la sepultura? Y ¿cuál la utilidad de la imitación? En primer lugar, hay que interrumpir el curso de la vida anterior. Esto es imposible a menos que se nazca de arriba, [av,nwqen gennhqe,nta], según la palabra del Señor. En efecto, el renacimiento -como indica su nombre - es el comienzo de una segunda vida. Ahora bien, antes de comenzar la segunda vida tienes que imponer un final a la precedente (15:35).

(Extraído de Ser persona, hoy: estudio del concepto de 'persona' en la teología trinitaria clásica y de su relación con la noción moderna de libertad. Teresa Forcades i Vila. Publicaciones de la Abadía de Montserrat).