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(Gloria Barrete –CR) Arbúcies, Artés, Bellpuig, l'Espluga de Francolí, Santa Coloma de Queralt... todas ellas poblaciones catalanas que no superan los ocho mil habitantes, y todas ellas con presencia Vedruna, mediante escuelas y, en muchos casos, también con comunidades. Este jueves, 22 de mayo, el Instituto Vedruna está de fiesta. Celebran el día de su fundadora, Santa Joaquina de Vedruna, iniciadora de la primera congregación femenina en el estado español dedicada a la enseñanza.

Una dedicación que empezó en Vic, en la casa fundadora, y que en la actualidad se ha extendido por todo el territorio catalán, teniendo presencia tanto en grandes urbes, como Barcelona, Terrassa o Valls, como en poblaciones más pequeñas y rurales, como Berga, Tona o Manlleu, llegando a lograr 36 escuelas Vedruna en Cataluña y dedicando sus esfuerzos también al acompañamiento de enfermos, la atención a la inmigración o al trabajo con la gente mayor.

Una vocación de servicio y atención a la realidad que Santa Joaquina de Vedruna centralizó en la educación de chicas a inicios del siglo XIX, cuando el encuentro casual con el capuchino fray Esteve Fàbrega de Olot la animó a la creación de un nuevo instituto religioso dedicado a la cura de los enfermos y a la educación de las chicas de extracción social humilde, en una época en que la formación integral de la mujer era muy menospreciada. Una preferencia –la educación de la mujer– que actualmente ha ido evolucionando y se ha ido adaptando permanentemente a las necesidades de cada época: "Nosotras no podemos estar haciendo lo mismo que hacía ella que era sólo enseñar a las niñas porque eran las más débiles y las más olvidadas; hoy tanto da que sean niños como niñas, tanto da que sean persones adultas; igual es que sea en hospitales o en otros lugares como los campos de refugiados donde también estamos presentes temporalmente", explica la hermana vedruna Mª Teresa Llach, autora de varios libros sobre la fundadora y la congregación.

Las etapas vitales, clave en la espiritualidad de la santa

Una opción por los pobres y los olvidados, por aquellos que no lo pasan bien y que tienen obstáculos para salir, que Santa Joaquina entendía muy, muy bien. "Casada primero, viuda más tarde, con tres hijos muertos de los nuevo que tuvo, pasar por guerras, estar en el exilio, y por lo tanto vivir una situación de inmigración", todos los golpes de la vida que Santa Joaquina sufrió y vivió la hacen, según Llach, "totalmente cercana cuando se la conoce".

Unas vicisitudes, como ser esposa, madre y posteriormente religiosa, que también la condujeron a crear un clima de familia en el Instituto Vedruna, que hoy en día perdura: "Ella vivió épocas muy difíciles, la nuestra no es fácil tampoco, pero queremos tener aquel talante de alegría, de cordialidad, de fortaleza que la marcó siempre. Ella fue una mujer integrada sumamente en su pueblo y con su gente, y nosotros también lo estamos", afirma Mª Teresa Llach, y añade: "Sobre todo porque tuvo como referencia a Jesucristo. Nosotros no nos dedicamos a ser una organización filantrópica, trabajamos desde el Evangelio con todas las instituciones que hacen posible este tipo de trabajo, aunque sea fuera de obras nuestras, de forma interreligiosa, intercultural, y de forma cívica".

Jornada de actividades lúdicas y creativas en las escuelas

Un legado espiritual y carismático que hoy se recuerda con fuerza a las presencias Vedruna, como las escuelas, que celebran varias actividades para conmemorar el día de su fundadora. La escuela Joaquima de Terrassa, por ejemplo, hará una Eucaristía en la plaza de la Pau, o la escuela de Carme de Sabadell una manualidad sobre la santa con los alumnos de infantil. También se hacen otras actividades creativas, como un concurso de carteles de Santa Joaquina en la escuela Vedruna Àngels de Barcelona, o toda una jornada festiva el sábado, como en el caso de la escuela Vedruna de Sallent, que el sábado contará con un almuerzo solidario en beneficio de Cáritas del pueblo y una obra de teatro y una gymkana por la tarde.