Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(Laura Mor CR) El convento y la iglesia de los frailes capuchinos de Pompeia están de fiesta. Este jueves, Virgen del Rosario, vivirán oración de vísperas y eucaristía solemnes, gozos y, como es tradición de la casa, repartirán rosas para cerrar la jornada. Son algunos de los actos con los capuchinos de la Diagonal de Barcelona invitan a celebrar esta festividad en comunidad.

La localización de este santuario marca precisamente su carácter. Lo explica uno de los frailes capuchinos de la comunidad de Pompeia, Josep Manuel Vallejo: "La Iglesia siempre está abierta para que la gente pueda entrar a rezar, siempre hay un fraile de guardia para ofrecer atención personalizada. La gente que se acerca pidiendo consejo y orientación espiritual aquí es bastante abundante".

Pero según Josep Manuel, que la espiritualidad sea fecunda no es cuestión de número: "Un solo fraile que realmente sea de vida intensa puede revolucionar Barcelona. Necesitamos personas que seriamente hagan la experiencia cristiana de Jesús, que vivan en fraternidad y lo compartan con las personas que lo deseen". Esta es la pastoral de los capuchinos de Pompeia, que Vallejo ilustra con la invitación a la alegría que hizo el papa Francisco: "Para ofrecer primero hay que vivir. Para evangelizar primero hay que estar evangelizado, para alegrar primero hay que estar alegre".

"Es el momento de fortalecer las raíces de la propia vocación"

Como capuchinos de Catalunya, Vallejo considera que ahora mismo no toca afrontar grandes aventuras porque "los grandes proyectos no funcionan". En cambio, ve más oportuno apostar porque cada fraile profundice en la experiencia personal de Jesucristo: "Actualmente es el momento de fortalecer las raíces de la propia vocación". Y ¿ en qué concreta su carácter la fraternidad franciscana capuchina? "En mantener la vida fraterna intensa, es decir, comer, vivir, rezar y dialogar juntos, y estar abiertos a la gente que quiera compartir nuestra vida", ha añadido el fraile.

En este sentido ha criticado la falta de autenticidad y señala la superficialidad como el mayor problema de nuestro momento social: "Nos quedamos en las apariencias, en los escaparates, en la corteza de las instituciones. Si no se trabaja la propia fascinación por Jesucristo, si no se vuelve a alimentar, todo lo que hagamos será vacío".

Un lugar de encuentro para la oración

Fundado en 1910, el santuario es un lugar de encuentro para la oración, para recuperar la liturgia intensa de los diversos grupos, y también tiene una fuerte acción social, que ya fue reconocida en 2010 con la Medalla de Honor de Barcelona.

En concreto, atienden a personas inmigrantes, separaciones matrimoniales, personas que no pueden pagar el alquiler o gente que está en la calle. También son entidad repartidora del Banco de los Alimentos y unos treinta y cinco feligreses, además de los voluntarios del almacén que preparan los paquetes, reparten lotes alimentarios cada semana.

Pequeños grupos organizados en red

En cuanto a la pastoral, tienen grupos de reflexión y de oración, coordinados en red con otros grupos capuchinos, además de una pequeña catequesis, catequesis de adultos mensual y oración al estilo de Taizé. Según explica Vallejo, "el intento del santuario Pompeia es procurar una comunidad que invite a rezar y a hacer la experiencia de Jesús con un culto abierto". Y añade: "La Iglesia del futuro yo no sé como será, pero pequeños grupos relacionados en red es un buen esquema. De hecho, Ratzinguer ya hablaba de ello hace cuarenta años".

Fruto de los casos que tratan y acompañan, Vallejo ha detectado un aumento en el número de personas que vuelven a la Iglesia: conversiones de gente adulta o personas que habían abandonado el cristianismo y quieren acompañamiento espiritual.

Actualmente en Pompeia residenen siete hermanos y, de la Orden de Franciscanos Seglares, también hay una pequeña comunidad conectada con la de la Ayuda, la de Granollers y la de Arenys de Mar.