Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Las diócesis catalanas celebrarán entre el 2 y el 9 de marzo la Semana de la Familia, que este año tendrá como lema: "La familia: la esperanza del mundo!" Cada diócesis organiza varias actividades. Coincidiendo con esta jornada, los delegados de Familia y Vida de Lleida, reflexionan en este texto sobre cómo la familia puede ser un signo de esperanzaa en el mundo de hoy. Aquí pueden consultar los actos que se harán en Lleida y el material de las jornadas.

(Blanca Roca y Juan Luis Salinas / Delegación de Familia y Vida de Lleida) Sin lugar a dudas, la cotidianidad de mucha gente y, fundamentalmente, de la sociedad considerada en general, se ha convertido en un panorama gris produ-cido por la búsqueda de lo que me es útil y resulta práctico, lo cual se identifica con la normalidad, totalmente lejano de cualquier situación que nos hable de atrevimiento, entusiasmo, aventura, innovación, creatividad, trascendencia,… Sin embargo, esta apariencia encubre la realidad de mezquindad y miseria en la que nos refugiamos porque, por encima de todo, está la propia seguridad, comodidad,… en definitiva la precariedad, debilidad y trivialidad de cada uno. Nos hemos rendido al bienestar y hemos abandonado, por incómodo, el bien común sin esperar que nadie se vaya a hacer cargo. Sin ilusión ante la realidad absorbente y asfixiante, ni respecto a uno mismo, nos invade la tristeza a la que veladamente nos aferramos y que se apodera de nuestros corazones.

No hay lugar para la esperanza, entendida como el esperar alcanzar aquello que nos es necesario, y, naturalmente, tampoco hay lugar para esperar conseguir los deseos ni las ilusiones. Incluso el desastre llega a abandonar las promesas que el mismo Dios nos ha hecho,… con lo que, consecuentemente, abandonamos a Dios cuando no se le había abandonado ya.

Entonces resulta que las personas, nuestra sociedad, necesitan encontrar seguridades y referentes para obtener respuestas que les sitúen, los encorajen, les aporten fuerza para continuar viviendo, les den esperanza para mirar el futuro. No cabe duda de que la familia también puede resultar ser un terreno desertizado donde falte la fuerza de la esperanza para poder vivir y se esté perdiendo el horizonte, sin embargo, la experiencia de este vacío puede sacudirlos y empujarlos a resurgir si son capaces de encontrarse en el amor, haciendo de él un terreno abonado para poder vivir. Sólo el amor podrá hacer que la familia recobre la esperanza y la alegría de creer. En el desprendimiento total del anonadamiento en la nada es donde se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para la existencia, después de esta experiencia es cuando se puede encontrar el Amor que es Dios y que nos sigue abrazando.

Es en la desolación de la soledad y la radicalidad del despojarnos cuando hacen falta personas de fe que sepan confiar esperanzadamente indicando el camino a los otros. Éste es el papel de la familia que viva en el Amor, desde el Amor, para el Amor, hacia el Amor, con amor entre sus miembros. Es entonces cuando la familia se materializa como la esperanza del mundo que ha de transmitir a los demás. Como dice el Papa Francisco en La alegría del Evangelio, “Cristo resucitado y gloriosos es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encarga”.

 

Blanca Roca y Juan Luis Salinas son delegados diocesanos de Familia y Vida de Lleida