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(Jordi Llisterri CR) "El Papa está rodeado de algunos prelados importantes españoles que le dan una información completamente falseada. Estos señores son culpables y no tienen ni un sentido de pastoral (...) Hay algunos representantes del episcopado español que ocupan puestos en Roma que son tan centralistas o peor que los políticos, y tienen una incomprensión total por Catalunya". No es un declaración actual. Lo dijo el que había sido el abad de Montserrat Cassià Maria Just en una entrevista en 2000. Lo dijo como emérito, pero después de la nota que emitió este martes por la noche la nunciatura apostólica en España algunos eclesiásticos catalanes vuelven a repetir el mismo argumento cuando se les pide una valoración de ​​la nota.

Renzo Fratini ha puesto la Santa Sede en medio del debate soberanista, un tema en el que la diplomacia vaticana se había mantenido al margen. Lo hizo en un breve y poco habitual comunicado difundido a través de la Conferencia Episcopal Española y que reproduce literalmente la web de la Abadía de Montserrat.

El nuncio afirma que las opiniones de Josep María Soler del pasado 23 de enero acerca de que "un eventual estado catalán sería reconocido por el Vaticano" son "opiniones de su exclusiva responsabilidad personal y no reflejan en absoluto la posición de la Santa Sede". Es decir, una obviedad: que lo que dice el abad de Montserrat es una opinión que no es la de la Santa Sede. Posición de la Santa Sede, si la hay, que la nota no explica. Y cómo dice el vaticanista Andrea Tornielli tampoco prefigura la posición final. 

Desde sectores eclesiásticos catalanes, en la línea de lo que expresó sin rodeos el abad Cassià, no se muestran sorprendidos con esta nota por la incomprensión que otras veces ya ha mostrado Fratini hacia la realidad catalana desde que llegó a Madrid en 2009. "A nunciatura leen el ABC y La Razón", y ponen como ejemplos varios comentarios sobre la realidad lingüística catalana que ha hecho en privado.

De hecho, no es la primera vez que un nuncio entra a valorar la realidad política catalana repitiendo el argumentario de los sectores más beligerantes con el catalanismo. La que provocó mayor estruendo fue en 1995 en la clausura del Concilio Provincial Tarraconense. En la catedral de Tarragona el nuncio Mario Tagliaferri incluyó en su discurso una referencia de Juan Pablo II contra "el resurgimiento de particularismo y también de nacionalismos exhacerbados". Un texto que en la cita original se refería a los Balcanes y que el nuncio aplicó a Cataluña. Después de estas declaraciones hubo una campaña de cartas dirigidas a la Secretaría de Estado del Vaticano criticando esta comparación, que también rebatió públicamente el presidente Jordi Pujol.

También su sucesor en la nunciatura, Lajos Kada, en 1998 se refirió a la posibilidad –avalada por la Santa Sede– de constituir una Región Eclesiastésica que agrupara a los obispados catalanes como "una cosa meramente política, sin contenido". Y, un año después, al ser sustituido, repitió públicamente el discurso mayoritario que circulaba por los pasillos de la Conferencia Episcopal Española: "Me da mucho miedo la disgregación de España". También en una entrevista afirmó que en Cataluña había un problema per las quejas del castellano-parlantes que no podían asistir a los oficios con su lengua, haciéndose eco de una campaña de la prensa de Madrid.

En este contexto diplomático, también se suma la reiterada negativa de la Santa Sede para incluir el catalán en las felicitaciones Urbi et Orbi por consideraciones políticas. Un tema ahora aparcado desde que el papa Francisco ha eliminado esta costumbre.

Las declaraciones emitidas desde la nunciatura de Madrid también se enmarcan en los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Española a favor de la unidad de España. Un tema sobre el que, en cambio, los obispos catalanes –y el abad de Montserrat– nunca se han inclinado públicamente por una opción política concreta. Solo en algunos casos se ha limitado a defender la legitimidad de una consulta, sin decantarse por una u otra respuesta.

Con la nota de este martes, el nuncio ha implicado la Santa Sede en un debate en el que hasta ahora la Iglesia solo se movía en el terreno de las opiniones personales de los representantes de la jerarquía. Una implicación internacional que es precisamente la que persiguen los movimientos soberanistas.