Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(Laura MorCR) De un tiempo a esta parte, los maristas son uno de los tres vértices de un triángulo consolidado en la comarca de la Noguera: la ermita del Sant Cap, Vilanova de Sal y el Monasterio de las Avellanes, donde viven dos comunidades de hermanos. Así lo explica Robert Porta, archivero del monasterio de las Avellanas, que describe la curiosidad del encuentro celebrado este lunes y que está documentada de tiempos medievales: el Aplec del Sant Cap.

Este año, acompañados de un grupo de maristas, los vecinos de Vilanova de Sal y de los pueblos del entorno han peregrinado hasta la Ermita del Santo Cap. Excavada en una cueva, esta ermita troglodítica es el lugar donde se supone que Joan de Organyà, conocido como el Sant Cap, fundó el Monasterio de Santa Maria de Bellpuig de les Avellanes, hace hoy 848 anys.

Precisamente, pensando en el 850º aniversario, que se celebrará en 2016, Ramon Benseny, superior de la comunidad, ha pedido a los peregrinos que se involucren en la preparación de ​​la fiesta. Es un ejemplo de como los hermanos maristas consolidan lazos sociales en la comarca.

La tradición de venerar el primer prior del Monasterio de les Avellanes

El Sant Cap es el nombre popular con que se conoce Joan de Organyà, primer prior del Monasterio de las Avellanas. Este religioso murió en el lugar de la actual ermita y desde entonces la gente de Vilanova de la Sal y del entorno le han tenido devoción. Los escritos más antiguos de la peregrinación y la devoción al Sant Cap son de época medieval.

Aunque Vilanova de Sal es un pueblo pequeño –hoy cuenta con unos setenta habitantes–la tradición de subir a pie hasta la ermita el día 3 de febrero todavía está vigente. Allí los vecinos comparten una celebración religiosa que finaliza con el canto del Goig del Sant Cap. Al salir de la ermita, los participantes compartieron una merienda de hermandad.