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(David Casals CR) "Del 25 de enero de 1939 al 16 de octubre de 1942! ¡Cuarenta y cuatro meses y medio en Francia! Fui allí para unirme a mi familia y con propósito de regresar a España con los míos a las pocas semanas, pero las circunstancias desviaron por completo mis planes. ¿F d Designio del Señor?".

Así lo leemos en las memorias de Joan Capó, pastor metodista y maestro, coincidiendo con el hecho de que estos días se conmemora el 75 aniversario de la caída de muchas poblaciones catalanas en la Guerra Civil (1936-1939), presentada por el régimen como una 'Cruzada' a favor de la unidad nacionalcatólica del Estado.

El invierno de 1939 se iniciaba un periodo de represión y clandestinidad para las iglesias evangélicas de Catalunya, especialmente intenso hasta el 1945, pero que continuó muchos años más, con mayor o menor intensidad.

La situación del protestantismo catalán era en aquellos momentos muy delicada: muchos pastores y maestros de las escuelas evangélicas tuvieron que exiliarse, los templos se cerraron y precintaron, en la gran mayoría de localidades catalanas los cultos debían celebrarse de forma clandestina en las casas de los fieles y no se permitía ningún tipo de manifestación externa de la fe protestante.

Los lugares de culto pudieron reabrir después de la Segunda Guerra Mundial, en cambio, las escuelas evangélicas que había en Cataluña no lo volvieron a hacer nunca más. La enfermería evangélica, antecesor del actual Hospital Evangélico, situado en la calle de las Camelias, consiguió permanecer abierto aunque el régimen intentó clausurarlo, gracias al apoyo de los consulados extranjeros.

La militancia de los cultos domiciliarios

Ante el nuevo contexto, los fieles debían tomar todo tipo de precauciones en los cultos domiciliarios: los himnos –tan característicos en la tradición protestante– no se cantaban, sino que se leían, para no despertar sospechas entre los vecinos.

A pesar del contexto, muchos de los asistentes aún recuerdan la actitud de militancia, compromiso y fidelidad que demostraron. No se hacían reuniones superiores a los 20 asistentes, ya que esta cifra requería de la autorización del gobernador civil.

Incluso surgieron iniciativas como el 'Sermón por correo'del pastor bautista tarrasense Samuel Vila, un incansable luchador a favor de la libertad religiosa, e impulsor entre muchas otras iniciativas del sello editorial en castellano evangélico más importante del mundo: la editorial Clie.

El régimen no escatimó esfuerzos a la hora de controlar y perseguir a los protestantes. Además de actuaciones en contra de cultos y otros, hay casos documentados en los que se recurrió a infiltrados en las comunidades, como pone de manifiesto el historiador Federico Vázquez Osuna en el libro Les esglésies evangèliques històriques de Barcelona. 1878-1978.

También recoge como fue esta represión del régimen en contra de los protestantes, un artículo que esta semana publica la revista Tiempo escrito por Josep Lluís Carod-Rovira, ex presidente de ERC y ahora director de la cátedra sobre Diversidad Social de la Universitat Pompeu Fabra.

En 1945 se inició una tenue tolerancia, con la aprobación por parte del Estado del Fuero de los Españoles, que aseguraba: “Nadie será molestado por sus creencias religiosas, ni por el ejercicio privado de sus cultes”. Aun así, los ataques contra los protestantes continuaron fihasta bien entrada la década de los años sesenta.

Fotografía: Destrozos en la Iglesia evangélica bautista de Figueres, que fue asaltada, como tantas otras, durante la noche del 6 al 7 de marzo de 1948. Fuente: Arxiu Gràfic Documental Evangèlic / F. Vázquez Osuna, 'Les esglésies evangèliques històriques de Barcelona'. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 2011.