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(David Casals CR) Las iglesias ortodoxas celebran estos días la Navidad y Teofanía (bautismo de Cristo), dos fechas que junto con la Pascua son "momentos para la contemplación y la vivencia", según explica a CatalunyaReligió.cat el arcipreste stavrophor Joan, vicario general para España y Portugal del Patriarcado de Serbia.

Se debe tener presente que en las iglesias ortodoxas conviven dos calendarios: el gregoriano (vigente en Occidente a partir del siglo XVI) y el juliano, el anterior al juliano. Entre los dos calendarios hay unos cuantos días de diferencia y, por ello, las iglesias ortodoxas que se guían por el calendario juliano celebran la Navidad el 7 de enero.

"Como aquí nuestras parroquias son poliètniques, nos adaptamos" e incluso hay comunidades que han llegado a hacer dos celebraciones navideñas –el 25 de desembe y el 7 de enero–, explica el arcipreste Joan, que también precisa: "Las iglesias griega, búlgara, rumana, finlandesa y sobre todo mucha diáspora en Occidente celebran Navidad el 25 de diciembre. Las iglesias rusa, serbia y georgiana lo celebran el 7 de enero".

Otro rasgo particular es que a diferencia de Occidente, en las iglesias ortodoxas el día no empieza a las 24 horas, sino el día antes, cuando se pone el sol. Por eso las celebraciones navideñas se inician el día 6 por la noche.

Teofanía

Sin embargo, el día 6 de enero (según el calendario gregoriano, por tanto a finales de mes para las iglesias que se guían por el calendario juliano) se celebra otra festividad muy importante: la Teofanía, que se recuerda el bautismo de Jesús en el Jordán.

Se debe tener presente que en la tradición ortodoxa, el nacimiento de Jesús y la adoración a Cristo por parte de los sabios de Oriente tiene lugar la misma noche de Navidad, que se celebra con una liturgia que comienza al atardecer y termina bien entrada la noche, y luego hay la costumbre de celebrar una comida comunitaria.

"Navidad es una noche para la contemplación mística, para recibir a Cristo, para que nazca en el interior de cada persona", por lo tanto va más allá de conmemorar un hecho histórico, detalla el arcipreste Joan.