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El superior general de los Misioneros Claretianos, Josep Maria Abella, hace una primera valoración de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco. Abella fue un de los cinco catalanes que participó en el Sínodo del 2012 sobre la nueva evangelización que es el punto de partida del documento.

(Josep M. Abella) Leyendo la carta del Papa Francisco "El gozo del Evangelio", lo primero que ha resonado fuertemente en mí ha sido la palabra "gozo". Es una palabra que nos pone en relación con uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II: la constitución "Gaudium et spes". Creo que la carta del Papa Francisco recoge e interpreta, en el nuevo contexto de hoy, el deseo sincero de un diálogo con el mundo que ayude a renovar la Iglesia y sea capaz de llevar esperanza al mundo.

El Papa Francisco ha hecho una lectura propia de la reflexión sinodal y, sin repetir lo que ya ha dicho el mismo Sínodo, destaca algunos acentos desde la propia experiencia y desde el deseo ardiente de que el compromiso misionero crezca en la Iglesia y la renueve, porque la hace salir de sí misma hacia un encuentro con el otro, con los demás, sobre todo con los pobres. Hay una insistencia en el verbo "salir".

Se podrían decir muchas cosas. Destaco cuatro.

En toda la carta se nota una gran cordialidad. Se descubre un corazón lleno de Dios y de la experiencia de su amor. Y se descubre también un corazón lleno de la presencia de tantas personas que en nuestro mundo viven cada día con sus esperanzas, problemas, luchas, y con un gran deseo de paz, amor y libertad. El diálogo con Dios y con el mundo es cordial y nos marca el camino de ​​la ternura y la cordialidad como único camino válido para la evangelización. Hay una mirada amiga hacia el mundo, no exenta ciertamente del necesario elemento crítico. Hay una insistencia fuerte en el diálogo.

Toda la carta insiste en la Iglesia como pueblo, llamada a ser cada día más auténticamente "Pueblo de Dios". Por eso habla de la necesidad de conversión y de reforma en todos sus estamentos, incluso en el ejercicio del Papado. Su llamada a la descentralización se entiende en este marco: convertirse en pueblo que camina con los otros pueblos, recogiendo las luchas y esperanzas de cada uno de ellos.

Encuentro una indicación muy fuerte a vivir con radicalidad las exigencias del Evangelio superando temores y cálculos. Esto es lo que le permitirá a la Iglesia reclamar a los diversos estamentos de la sociedad el respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos. La carta es clara en sus denuncias e indicaciones.

Es una carta realista, pero llena de esperanza. Creo que es así porque sabe mirar la realidad con los ojos y el corazón compasivo de Jesús. El deseo de proclamar el Evangelio nace precisamente de aquí. No cierra los ojos a los problemas ni a las mismas deficiencias de la Iglesia, pero sabe que estamos en las manos de Dios. Esta fe sólida es la clave para vivir con alegría nuestra identidad como cristianos y nuestra misión de proclamar el Evangelio.

El Papa Francisco nos ha enviado una carta alentadora. Ahora el reto es saber leerla en el propio contexto y traducirla en opciones concretas que estimulen el sentido misionero de nuestras Iglesias.

 

Josep M. Abella. Superior general de los Misioneros Claretianos.