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El superior general de los Hermanos Maristas, Emili Turú, hace una primera valoración de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco. Turú fue uno de los cinco catalanes que participó el Sínodo de 2012 sobre la nueva evangelización que es el punto de partida del documento.

(Emili Turú) Creo que Evangelii Gaudium es verdaderamente una exhortación que no deja indiferente: hace pensar, interpela y, al tiempo, anima. A medida que iba leyendo el texto sentía como una especie de energía y entusiasmo que iba creciendo en mí, y que me animaba a tomarme en serio las invitaciones que se hacen.

Me parece bastante evidente que el Papa no ha hecho un revuelto de lo que salió del Sínodo, sino que ha hecho su propia lectura, con subrayados muy personales, que ya nos resultan familiares. Y, como él mismo dice, "tiene un sentido programático y consecuencias importantes". Queda clarísimo que, en la Iglesia, el statu quo no es una opción: la renovación eclesial es "inaplazable" e invita a todos -empezando por él mismo- a una profunda conversión pastoral y misionera.

Como siempre, va a lo esencial. Quiere una Iglesia centrada en Jesús y en su Evangelio, que no se mira el ombligo, sino que sale en misión.

Finalmente, creo que a lo largo de toda la exhortación subraya con mucha fuerza los dos signos de autenticidad de la nueva evangelización de la que habla el Mensaje del Sínodo: la contemplación y el rostro del pobre.

 

Emili Turú, superior general de los Hermanos Maristas.