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(Jordi Llisterri - Laura Mor / CR). Uno de los núcleos de la vida de los religiosos y de las religiosas sigue siendo la opción de vivir en comunidades. El espacio y la familia donde comparten su opción personal de seguimiento de Jesús. Pero estas comunidades hace tiempo que están cambiando. No sólo porque sean menos que hace unos años, sino porque han hecho nuevas opciones para un seguimiento más radical del Evangelio y para estar más cerca de la gente.

Es lo que compartieron en la última asamblea de la Unió de Religiosos de Catalunya con la teresiana Cristina Martínez, ex presidenta de la URC y actualmente consejera del gobierno general de las Teresianas en Roma.

Dentro de las comunidades han cambiado las relaciones y el superior ya no es el que "manda" sino el que "lidera y acompaña". Y muchas comunidades de religiosos viven en pisos, no en grandes casas o colegios, y eso "nos ayuda a estar más cercanos a la gente y a unas relaciones más familiares". Este movimiento también ha acentuado la presencia en barrios más periféricos, para compartir "el sufrimiento de los demás". Esto antes de que hablara de ello el Papa Francisco, ya que él también había hecho esta experiencia en Buenos Aires.

Son algunos de los cambios que describe Cristina Martínez en este vídeo, que resume los temas que se plantearon en la asamblea de URC y que puede ampliarse en el último número del Horeb. Una vida en comunidad de personas que" queremos seguir a Jesús juntos, y no ver quién llega primero" y que mantiene una dimensión profética de anuncio y de denuncia, que "muestra que es posible una alternativa".