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(Jordi Llisterri -CR/Tarragona) Ni gritos, ni banderas, ni pancartas. Un ambiente pacífico y ceremonioso ha marcado la multitudinaria beatificación de los 522 mártires de la Iglesia española de este domingo en Tarragona. Ni siquiera se ha desbordado el aforo previsto para 20.000 personas en el Recinto Educativo situado a las afueras de Tarragona. Y todo ajustado a un guión litúrgico equilibrado.

El papa Francisco ha marcado el tono de la celebración con un mensaje grabado que ha abierto la ceremonia: "Los mártires son discípulos que han aprendido bien el sentido de aquel «amar hasta el extremo» que llevó a Jesús a la Cruz". Y a partir de aquí ha hecho un llamamiento a "imitar a los mártires" sin más consideraciones sobre el caso concreto de la persecución religiosa en España: "imploremos la intercesión de los mártires para ser cristianos concretos, cristianos con obras y no de palabras; para no ser cristianos mediocres". Una llamada que ha concretado en "mantener firme la fe, aunque haya dificultades, y ser así fermento de esperanza y artífices de hermandad y solidaridad".

Una línea similar ha mantenido el grueso de la excesivamente larga homilía del cardenal Angelo Amato, que ha presidido la ceremonia como enviado del papa. "La celebración de hoy quiere gritar una vez más al mundo que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo".

Y sólo Amato se ha referido al contexto en el que fueron asesinados los beatificados durante los años 30 cuando "su noble nación fue envuelta en una niebla diabólica de una ideología que anuló a miles y miles de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos y escuelas católicas, y destruyendo parte de su patrimonio artístico". Citando a Pío XI, ha denunciado la "libertina política antirreligiosa" y "el exterminio de la Iglesia" de aquellos años sin más referencia al enfrentamiento entre hermanos que significó el conjunto de la Guerra Civil o a la Iglesia que quiso silenciar el franquismo como la de Vidal y Barraquer.

Amato ha recordado que en este contexto los mártires "no eran combatientes, no tenían armas, no estaban en el frente, ni apoyaban ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Los mataron por odio a la fe, sólo porque eran católicos".

Después, Amato ha actualizado el mensaje de los mártires con varias citas sobre el perdón del papa Francisco: "¡El gozo de Dios es perdonar! ¡Aquí está todo el Evangelio, todo el cristianismo!". Y ha recordado un Angelus del Papa en el que pidió "que cada uno piense en una persona con la que no esté bien, con la que se haya enfadado, a la que no quiera. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, recemos por esta persona y seamos misericordiosos con esta ella".

Una ceremonia tarraconense

Aunque la ceremonia acogía causas de 19 diócesis españolas, también se ha hecho presente en la ceremonia el peso de la causa más numerosa, la de Tarragona. En el lateral del altar destacaba una reproducción de la imagen de la Virgen de Montserrat y en la gran lona de detrás destacaban los nombres y la representación del obispo tarraconense Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio, primeros mártires documentados en el siglo III. Sus reliquias se han trasladado al escenario de la ceremonia y se han incorporado en el frontal del altar. Después de la proclamación de los nuevos beatos, también se ha colocado en el altar una urna con reliquias de los nuevos mártires.

El arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol -que ha copresidido junto con el cardenal Rouco como presidente de la Conferencia Episcopal Española- ha sido el encargado de abrir la ceremonia y solicitar formalmente la proclamación de los beatos.

La presencia de Montserrat, con los veinte benedictinos beatificados dentro de la causa de Tarragona, también se ha hecho evidente con la presencia de la Escolanía de Montserrat. Dentro de la celebración han interpretado dos poemas de Jacint Verdaguer musicados por el monje Àngel Rodamilans, también martirizado en 1936. También la música ha sido bien tarraconense, con el coro y la orquesta de la Catedral dirigida por Miquel Barbarà, que ha introducido algunas de las melodías habituales en la liturgia tarraconense.

La presencia del catalán también ha sido significativa con las traducciones de todos los textos en el librito de la celebración, que ha combinado principalmente latín y castellano. Algunas oraciones, como el Salmo -cantado por el tarraconense Jordi Guardia Romeu- han sido unos de los momentos en el que el catalán se ha hecho presente en la ceremonia con total normalidad. De la misma manera se ha hecho en la animación previa a la celebración que ha conducido el historiador de Tarragona Andreu Muñoz.

Lo más significativo ha sido cerrar la ceremonia con el canto del Virolai, encabezado por la Escolanía. Pero incomprensiblemente, a pesar de tener enfrente la imagen de la Moreneta, en el momento de cantarlo los concelebrantes han abandonado el altar mientras dejaban a la Escolanía como música de fondo en lugar de dirigir el canto a la Virgen. El himno final dedicado a los mártires del siglo XX, ya no lo ha seguido nadie, mientras pacíficamente la gente iba abandonado el recinto.

Antes del Virolai, las últimas palabras han sido del cardenal Antonio María Rouco, que se ha circunscrito en los agradecimientos y que ha cerrado con un "Gracias a todos" en catalán. En total han concelebrado ocho cardenales (entre ellos Luis Martínez Sistach), un centenar de obispos representando casi todas las diócesis de España y más de un millar de sacerdotes. Además de Sistach y Pujol, han tenido un espacio destacado en la celebración los demás obispos catalanes que tenían causas de sus diocesis en la beatificación: Lleida, Terrassa y Tortosa. También ha estado presente una representación de la Iglesia ortodoxa rusa.

Los representantes civiles que han asistido a la ceremonia han estado encabezados por el presidente del Congreso, Jesús Posada; el presidente de la Generalitat, Artur Mas; los ministros Fernández Díaz y Ruíz Gallardón; y 80 alcaldes, entre ellos el de Tarragona y el de Reus.

(Fotos: Arquebisbat de Tarragona