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El episcopado y las instituciones catalanas se suman al reconocimiento del cardenal exiliado

(Jordi Llisterri  CR/Tarragona) Este jueves por la tarde repicaban las campanas de la catedral de Tarragona. Era para anunciar el inicio de los actos del Año Vidal i Barraquer. La presidenta del Parlament, Núria de Gispert, y el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, han presidido el primer acto de esta celebración coincidiendo con los 70 años de la muerte del cardenal perseguido durante la Guerra Civil y exiliado por el régimen franquista.

El arzobispo de Urgell, Joan-Enric Vives, el obispo de Lleida, Joan Piris, el de Solsona de donde había sido administrador diocesano Vidal, Xavier Novell, y el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, han sido los representantes eclesiásticos más visibles junto a numerosos sacerdotes. También se han sumado autoridades civiles de Tarragona como el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, y el presidente de la Diputació, Josep Poblet.

"El pueblo catalán fue siempre deudor del cardenal de la Paz ", dijo en el discurso la presidenta del Parlament. Nuria De Gispert ha mostrado su entusiasmo por recuperar la figura de Vidal i Barraquer, por "purificar su memoria", y mantener vivo su ejemplo de "coraje, coherencia y catalanidad". En definitiva: "un merecidísimo desagravio para quien tanto hizo para que Cataluña y España vivieran en paz y armonía: una muestra de lo que habría tenido que hacer la jerarquía durante la guerra civil: buscar la paz y la reconciliación".

De Gispert ya ha avisado que su conclusión quizás sería políticamente incorrecta, pero que creía que "el cardenal Vidal i Barraquer estaría muy de acuerdo con eso que llamamos el derecho a decidir" porque el cardenal "no hizo política de partido, pero tampoco cayó en un apoliticismo falso".

El arzobispo Jaume Pujol ha recogido el contenido del acto destacando el compromiso de Vidal con su diócesis y la cultura y la lengua de su país. Una manera de trabajar como "lo que llamamos hoy pastoral de conjunto", donde ha primado promover la colaboración de las diócesis catalanas a través de varios movimientos e iniciativas de renovación pastoral del momento como Foment de la Pietat, la Federació de Joves Cristians o el moviment Bíblic.

"Un cristiano serio y sin pompa", ha recordado que le define Carles Cardó en El gran refús. Y una experiencia de exilio que "le hizo crecer como hombre, como creyente y como obispo".

El momento central del acto y más aplaudido– ha sido la conferencia del historiador y cura Manuel M. Fuentes, archivero del arzobispado. Fuentes ha recordado"las filias" y "las fobias" que generó y aún genera el cardenal tarraconense y cómo los radicalismos de las dos partes hicieron imposible la vía de convivencia con la legalidad republicana que promovía: "un ejemplo de la capacidad de aceptar la legalidad cuando es elegida por el pueblo de manera pacífica".

Fuentes, un mes antes de que Tarragona acoja una masiva beatificación de curas, laicos y religiosos asesinados en España alrededor de 1936, ha explicado como Vidal i Barraquer muestra la diversidad de la Iglesia que fue martirizada durante la guerra. Por ello, para Fuentes "el cardenal Vidal i Barraquer hoy puede ayudar al ejercicio de purificación de la memoria al que nos exhortaba el beato Juan Pablo II" en la carta pastoral del Jubileo del año 2000, cuando el papa defendía que "reconocer los fracasos de ayer nos abre a todos un nuevo mañana", y hacía un llamamiento a pedir perdón por los errores de la Iglesia, coincidiendo con el cambio de milenio.

En este sentido, Vidal fue clarividente en alertar ya en 1937de  los peligros del nacional-catolicismo y de los "actos aparatosos" de religiosidad que pueden "acabar haciendo odiosa la religión". Esto junto a su coherencia para la tarea a favor de los refugiados de todos los bandos y todas de las víctimas de la guerra, en lugar de apoyar a los militares sublevados.

"Víctima y mártir"

El acto se ha hecho en el Paraninfo del Seminario de Tarragona, o tantas veces habló Vidal i Barraquer, pero que a la vez fue el mismo espacio donde durante la Guerra Civil se instaló el tribunal que condenó a muerte algunos de 140 curas asesinados en Tarragona. Pero la celebración ha comenzado con una misa en la catedral en sufragio del cardenal en la Catedral. "Aunque no está beatificado sin embargo pensamos que nos enviará todas las gracias que le pedimos", dijo el arzobispo Pujol al empezar.

Con los prelados que le acompañaban, antes de iniciar la misa ha visitado la capilla que alberga los restos del cardenal desde 1978, cuando casi años después del su muerte pudo ser enterrado en la catedral de su sede metropolitana. En esta misma capilla ahora se añadirán las reliquias de un grupo de sacerdotes martirizados y un memorial del obispo auxiliar Manuel Borrás, que fue asesinado pero cuyos restos no se conservan.

"Tarragona tiene el deber de recordarlo", dijo su sucesor episcopal en la homilía. Pujol ha destacado su perfil de "víctima y mártir", como "verdadero discípulo humilde y compasivo, trabajador por la paz, que se mantuvo en la fidelidad en medio de la persecución y el exilio". Pujol ha presidido la celebración con un báculo del obispo Borrás y desde la cátedra de Vidal i Barraquer que conserva el escudo y la divisa episcopal del cardenal: "Amaos los unos a los otros".

El acto se ha cerrado con una breve interpretación del Oratori de Pau i Fructuós de Valentín Miserachs y la inauguración de una muestra sobre el martirio de los curas de Tarragona. A la celebración también han asistido los familiares del cardenal Vidal i Barraquer.