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-Vacaciones singulares X-

(Ramon Bassas/CR) "Desde hacía mucho tiempo, tenía ganas de un verano diferente. La amiga de una amiga mía me puso en contacto con la Fundación Educación Solidaria, que pertenece a los escolapios, y me hablaron de su proyecto en México". La que habla es Mercè Casanovas, una maestra de educación infantil del colegio Corazón de María de Mataró que, desde el 2009, dedica un mes y medio de cada verano, coincidiendo con sus vacaciones, a trabajar en los barrios más pobres de Tijuana atendiendo a niños. "Trabajar con niños me gusta mucho, por eso soy maestra, o sea que dije 'adelante' y ahora no sabría vivir sin esta experiencia, que me ha dado muchas satisfacciones". Este año celebran el decimoctavo de estas actividades en México y acudirá Sadurní Tudela, el padre Satur, que fue su impulsor y que ahora vive en Cataluña.

Mercè pudo optar cuál sería su destino. "Primero me hicieron elegir entre Senegal o México, que es donde están implantados los escolapios catalanes, pero no domino el francés y preferí México; allí tienen tres emplazamientos: a la Ensenada, en Mexicali, y en Tijuana, que es el que, finalmente, elegí. Tijuana tiene unos barrios muy pobres, donde dominan las barracas y, sobre todo, la prostitución y el narcotráfico. Los niños rápidamente entran en esta espiral, las chicas son madres a los catorce o quince años y la tarea principal de los escolapios en la zona es procurar atenderles y darles alternativas", nos explica un par de días antes de partir terminando las maletas.

El Padre James de CANOA

Una vez allí comenzó con un esquema que ha repetido desde entonces. "Por la mañana me dedico a apoyar al P. James. Está en el fondo de Tijuana, en el barrio de El Ejido (que quiere decir "la salida" porque efectivamente está al margen)". Mercè se refiere al centro CANOA (Centro de Atención a Niños con Otras Aptitudes), donde atienden sobretodo niños deficientes, "que son las personas más marginadas e invisibles de estos barrios", dice. "Nadie les hace caso, nadie les dice nada. No sabes qué alegría tengo cuando me corresponden con una sonrisa o una mirada. El P. James, que no es escolapio, precisamente es como la madre Teresa de Calcuta, no para de iniciar proyectos y, de hecho, tiene dos niños deficientes acogidos."

Los veranos felices

Mercè dedica las tardes a la parroquia de Fátima, que sí regentan los escolapios, y que está en una de las barriadas de la Colonia México. Allí hace de monitora de los "veranos felices", una especie de centros de verano, "especialmente enfocados a los chicos y chicas que te decía, que intentamos alejar de las redes de la prostitución y el narcotráfico, que los captan cuando aún son adolescentes y que están rodeados de numerosos asesinatos que afectan a casi todas las familias". No es casual que allí se diga que los niños son 'carne de cañón' para estas actividades delictivas, "y tiene gracia, porque 'cañón' es como se les llama en los barrios", apunta Mercè. "La ventaja es que la gente va mucho a misa y están muy vinculados a las parroquias, como aquí hace cincuenta años, por lo que es relativamente sencillo llevar a los chicos y chicas a los 'veranos felices", reconoce.

En total, son cinco voluntarios catalanes que, al llegar allí, se redistribuyen en diferentes barrios. Uno de ellos es su pareja, Carlos, que conoció en uno de estos veranos. Los acogen familias, de modo que el vínculo que se establece es muy fuerte. "Yo, de hecho, les digo 'mi familia'. No es que a mi familia de aquí no la quiera, al contrario, pero los lazos que he establecido son muy fuertes. De hecho, todos los que vamos alguna vez repetimos ", ejemplifica.

"A mí, esto, me llena mucho"

No todo ha sido fácil, admite. "A veces me hundo, si he de ser sincera, sobre todo el primer año, pero el apoyo mutuo con mis compañeros hace que me rehaga pronto. No me cuesta mucho, a mí eso me llena mucho. La gente es muy agradecida, tienen una gran nobleza, te lo dan todo y me choca mucho con el ambiente de aquí, donde desconfiamos tanto de todo y de todos. Allí, el contraste entre la violencia y la brutalidad con la naturalidad y la donación me hace abrir mis sentimientos".

"Luego, durante el año, cuando lo cuento aquí, la gente alucina, no se acaba de creer que me guste tanto. Además, aprovecho para hacer un trabajo cada año con los chicos de secundaria, en la escuela, en el proyecto interdisciplinar, y quedan boquiabiertos", dice esta maestra a punto de subir al avión hacia su verano feliz.