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-Vacaciones singulares IV-

Ana Ródenas, su marido José y dos hijos que ya son mayores de edad se han convertido en una familia de acogida de niños saharaui, y así es como pasan las vacaciones desde hace ocho años. "Yo llevaba mucho tiempo interesada por la acogida de estos niños y el verano de 2006 me comentaron que faltaban familias de acogida en mi ciudad, Mataró. Hablé con mi familia y de entrada todos estábamos de acuerdo, aunque también teníamos miedo de que, cuando llegara la hora de irse, lo pasáramos mal, sobre todo yo. Pero después de tener pocas horas para decidirlo, dimos el paso".

Estos niños vienen a España cada año a partir del proyecto "Vacaciones en paz" procedentes de los campos de refugiados de Tindouf, una de las zonas más inhóspitas del desierto del Sahara, que pertenece a Argelia, y que los acoge a raíz del conflicto con Marruecos por el reconocimiento del Sahara como estado independiente desde hace casi cuarenta años. Las familias de acogida reciben niños de edades comprendidas entre los 8 y 12 años en su casa, y viven durante dos meses como un miembro más. "Se les debe dar una alimentación rica en todo lo que tienen precario (que es mucho) y hacerles una revisión médica completa. Allí tienen tantas necesidades alimenticias que la mayoría de los niños sufren anemia, parásitos intestinales, celiaquía e incluso enfermedades más importantes", explica Ana, que trabaja de administrativa en un área básica de salud y, por tanto, conoce bien de lo que habla.

Hay muchos motivos para aventurarse en la acogida. Entre otros, por "sacarlos de las altas temperaturas del desierto, que en verano suben hasta 48 y 50 grados", pero sobre todo "darles cariño", reconoce. "Empiezan a venir muy pequeños y añoran mucho a sus familias; vienen con lo que llevan encima sin más. Los hemos de calzar y vestir y cuando se marchan les enviamos ropa, zapatos, alimentos, medicamentos, etcétera".

Un verano para la Jadu

Ana y su familia, hasta ahora, siempre han acogido a niñas y la de este año es la primera vez que viaja a España. "Se dice Jadiyetu, pero en su casa le diuen Jadu" y ya ha llegado al hogar que la acogerá estos dos meses. "Ahora mismo se está adaptando a la familia, a las costumbres, las comidas, la higiene, el entorno... Veo que tiene algunos momentos de nostalgia cuando se acuerda de su familia, aunque no pierden el contacto telefónico".

"Para mí, hasta ahora, ha sido una experiencia muy importante y gratificante", nos confiesa. "Aun así, ha habido algunos momentos difíciles, no lo negaré. Ahora, compartir el verano ha sido enriquecedor para todos, nos enseñan mucho a nivel de valores que aquí, por desgracia, se han perdido. Hablo, por ejemplo, de no ser egoístas, no ser materialistas, el valor de la familia (que para ellos es lo primero), el hecho de colaborarar en lo que pueden a pesar de su edad..."

"Pero quizás lo más enriquecedor ha sido cuando fui a los campamentos y viví con ellos unos días, compartiendo sus jaimas, dormir en el suelo como ellos, comer poco como ellos y no tener ni agua corriente ni luz eléctrica", recuerda con emoción . "Es una experiencia que aconsejo a todo el mundo, a las personas se las entiende mucho mejor si empatizas con ellas y te pones en su piel", comenta.

Compromiso con los desfavorecidos

La vocación por los demás no es algo casual para Ana Ródenas, vinculada a la parroquia de María Auxiliadora de su ciudad, una de las más grandes del país en población. "A lo largo de mi vida me he dedicado a compartir momentos duros y delicados con muchas personas", refiriéndose a sus compromisos con niños de la protección de menores, o con drogadictos o visitando presos. "Siempre he sentido algo especial por los desfavorecidos, inmigrantes... y he de reconocer que tengo una especial predilección por el mundo africano. Por eso", continúa, "estoy muy entregada e implicada en el mundo saharahui; he de reconocer que me llena". Esto la ha llevado, al margen de acoger a los niños en verano, a estar en contacto con muchos otros saharahuis que viven en Cataluña, a ir a charlas, manifestaciones... pero también fiestas y bodas.

Este año se quedarán en la ciudad, no saldrán fuera por vacaciones. "Nos hubiera gustado ir a conocer a la familia que la Jadu tiene en Andalucía, pero lo dejaremos para el próximo año, si puede ser. Ah, y hoy precisamente unos hermanos de la primera niña de acogida que tuvimos me han dicho que vendrán con nosotros a casa unos días, ya que ellos viven aquí, en España."