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(Jordi Llisterri - CR) "Hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que habla Jesús en la parábola del Buen Samaritano: miramos el hermano medio muerto a pie de calle, quizás pensamos 'pobrecito', y continuamos nuestro camino, no es nuestra tarea, y con ello nos quedamos tranquilos, sin problemas de consciencia". Estas palabras del Papa Francisco son las que se hace suyas Francesc Romeu, rector de la parroquia de Sant Bernat Calbó del Poblenou de Barcelona donde este miércoles se encerraron unos cincuenta inmigrantes desalojados de un nave industrial del barrio.

Para enmarcar esta situación Francesc Romeu, que también es periodista, explica a CatalunyaReligió.cat que no quiere hacer grandes discursos teóricos ni ir contestando entrevistas. Que sólo tenemos que leer el discurso del Papa Francisco en Lampedusa en una visita a una de las zonas de llegada de inmigrantes al sur de Italia donde los últimos años han muerto más sin papeles. "O nos ponemos a hacer gestos como pide el Papa Francisco, o nos equivocaremos", explica Romeu, que dice que "se les ha acogido por dignidad".

En realidad, ya hacía un par de meses que a raíz de otro desalojo se planteó esta demanda en la parroquia: acoger de nuevo un encierro de inmigrantes como el de 2001 en Santa Maria del Pi. Por ello, dice Romeu, "cuando oí que el papa decía esto, respiré. Si ahora el Papa viniera a Barcelona, ​​al igual que ha ido a un favela en Brasil, ahora lo deberíamos llevar a Sant Bernat Calbó".

También, refugiándose en las palabras del Papa, Romeu dice que no quiere aparecer como portavoz en los medios y que con el discurso del Papa la Iglesia ya lo tiene todo dicho. Por ello, más que opinar pide en la conversación con CatalunyaReligió.cat que reproduzcamos la idea del Papa de la globalización de la indiferencia: "La cultura del bienestar nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en burbujas de jabón, que son bonitas, pero que no son nada, son el espejismo de la futilidad, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los demás, es más, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro".

"Lo hemos hecho porque tocaba", explica Francesc Romeu sin querer darle demasiados rodeos. "El Poblenou es el barrio donde tenemos las naves industriales ocupadas y no podemos ignorar esta realidad. Además, entre la población hay una conciencia muy extendida y clara de que no son chusma, son vecinos del barrio. La comunidad ve que son personas vulnerables, que viven entre nosotros. Vemos que son gente que trabaja en lo que puede, que quiere ganarse la vida, que son agradecidos cuando les da algo para que lo vendan al trapero. Por ello, concluye que "Si no hubiera abierto las puertas de la Iglesia, en septiembre habría tenido que hacer las maletas".

También reconoce que "hay un sector que no lo ve tan claro. Cuando los desalojaban también había gente que los insultaba. Pero entre la comunidad cristiana hay una sensibilidad muy clara. Lo vi ayer en la misa: la primera que aplaudió fue una inmigrante argentina. Son cristianos que viven el Evangelio y que creen que debe ponerse en práctica. Es Mateo 25: "fui forastero y me recibisteis (Mt 25,35)".

Con este criterio, ha encontrado el apoyo de dos curas más que están siguiendo más directamente el encierro, el delegado de Pastoral Social del Arzobispado de Barcelona, ​​Josep Maria Jubany, y el ex misionero Salvador Torras. También le ayudan algunas personas de Cáritas y el mismo miércoles recibió la llamada del obispo auxiliar de Barcelona Sebastià Taltavull para mostrar su disposición a ayudar. 'Tenéis que estar con la gente', me dijo el obispo Sebastià por teléfono", asegura reconfortado Romeu.

Otras muestras de apoyo llegan de sectores bien distintos a través de la cuenta de twitter personal de Francesc Romeu que, en 24 horas, no ha parado de aumentar los seguidores.

Decisión del Consejo Pastoral

Francesc Romeu es rector de tres parroquias del Poblenou que trabajan conjuntamente. También responde a la tradición de un barrio con una comunidad parroquial muy participativa. Por eso, cuando hace dos meses llegó la propuesta de hacer un encierro de protesta, fue un tema que afrontó el Consejo Pastoral de la parroquia.

El Consejo aceptó con tres condiciones. Primera que quienes participaran en el encierro fueran los senegaleses afectados, quienes necesitan un techo, y no gente vinculada a otras reivindicaciones y movimientos. También que fuera por un tiempo limitado, que finalmente será una semana: "ellos mismos ven que no se puede reproducir en una iglesia lo mismo que en una nave industrial abandonada". Y, además, que el encierro respondiera a una reivindicación concreta y viable, como es lo que se pide: un techo para estas personas, no papeles para todos.

Romeu explica que el encierro no está generando problemas. En realidad, no es un encierro permanente y durante el día los que protestan salen a ganarse la vida buscando chatarra y comida. También ha coincidido con los horarios de verano y sólo había una misa programada para el domingo que se trasladará al templo vecino de Santa María del Taulat.

"Sobre todo, lo hemos hecho porque nos toca", va repitiendo Romeu antes de colgar el teléfono y marcharse a comer con los curas que le dan apoyo.