Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(Armand Puig i Tàrrech, decano de la Facultat de Teologia de Catalunya) El Papa Francisco representa un capítulo nuevo en la historia de la Iglesia. Después de los papas que forjaron, hicieron y aplicaron el Concilio (desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI, pasando por Pablo VI y Juan Pablo II), viene ahora un papa que cuando comenzó el Vaticano II tenía 25 años. Lo vivió, pues, como hombre de Iglesia pero sin ninguna participación directa en el magno evento. Acogió, sin embargo, la letra y el espíritu.

El papa Francisco será un hombre de diálogo con el mundo, un cristiano que vivirá la fraternidad y la proximidad, un obispo que vivirá la gran definición de Iglesia que dio el Papa Juan: "Iglesia de todos, particularmente de los más pobres". El nombre que ha elegido señala una visión de Iglesia evangélica y conciliar. Se abre una esperanza real para los sencillos y los desvalidos: el sucesor de Pedro los defenderá.

En segundo lugar, el Papa Francisco ha situado los primeros pasos de su pontificado en el registro de un catolicismo espiritual que deja de lado los cantos de sirena provenientes de una visión estratégica y, en último término polìtica, que ha llevado a ciertas personas y grupos de la Iglesia a adoptar una manera de hacer demasiado próxima a la manera de hacer del "mundo"-en sentido joánico. La Iglesia está llamada a vivir en el mundo pero sin ser del mundo. La verdad y la justicia, la misericordia y la conversión le son propias. La santidad le es propia. El amor a los pobres le es propio. El papa Benedicto reivindicó el Evangelio como norma de vida. El papa Francisco profundizará este camino. Nos encontramos ante un gobierno carismático, ante un pastor del pueblo de Dios que será solícito con la humanidad entera. La globalización del Papa Francisco será la globalización espiritual.