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(Lluís Magriñà. Provincial de los Jesuitas de Cataluña) Desde la Compañía de Jesús hemos recibido la elección del nuevo Papa con esperanza, en un momento tan trascendente para la Iglesia. El hecho de que haya sido elegido un compañero jesuita y que provenga de América latina nos reafirma en la idea de la capacidad de la Iglesia de dejarse llevar por los aires nuevos que vienen de otros continentes.

Es muy significativo que haya elegido un nombre nuevo, que ningún otro Papa ha llevado, y que sea precisamente el de Francisco, que nos evoca su espíritu de proximidad a los pobres y su identificación con el pueblo sencillo. En su etapa de vida jesuítica y luego como arzobispo de Buenos Aires ya sobresalía por una remarcable austeridad personal, que ya hemos visto también en sus primeras apariciones como Papa. Sin duda el obispo de Roma ayudará a llevar a la Iglesia hacia caminos de sencillez evangélica.

Como jesuita, Bergoglio ha estado inmerso en la espiritualidad ignaciana, basada en el desarrollo de la capacidad de vivir místicamente en la vida ordinaria, en medio de los ruidos y preocupaciones de la vida.

Los retos que esperan al nuevo Papa son enormes y muy diversos. Estamos convencidos de que el Espíritu le dará el aliento suficiente para continuar, con audacia y sencillez, el anuncio de la buena nueva de Jesús que nos llena de alegría y esperanza hacia un mundo nuevo. En cualquier caso, nosotros los jesuitas, nos comprometemos a ayudarle en su misión al igual que hemos hecho siempre con todos los otros sucesores de Pedro.