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(Pascual Piles. Provincial de San Juan de Dios) Pienso que para muchos ha sido una sorpresa. Así como en el Cónclave anterior fue uno de los más votados, en este no se oía decir que fuera uno de los posibles. Lo cual es la demostración que ha habido una actuación clara del Espíritu, ha demostrado una libertad de actuación de los miembros del Conclave, se ha dado una confidencialidad total entre ellos, que ha hecho que aún en la necesidad de hacer especulaciones y comentarios sobre los posibles, en esta como en otras ocasiones se iba por otra línea. De hecho, los comentaristas españoles desde que vimos la fumata blanca, hasta que supimos quien era estuvieron hablando de nombres, alguno con demasiada insistencia y no tuvieron mucho acierto.

 
No es que tenga demasiados conocimientos personales de su figura. Persona sencilla, evangélica, con muchos rasgos que lo distinguen, firme a la hora de la afirmación de sus principios, cercano. Su aparición en el balcón dio ese signo. En principio me pareció como muy sorprendido de su elección, me imagino que en su interior tendía la satisfacción de haber sido elegido por Dios para ser en este momento el primer guía de la Iglesia. Muy bonito el gesto de pedir a las personas que estaban en la plaza que rezaran con él y por él. Sugerente el que hablase solo en italiano, como obispo de Roma, y con ello Papa de toda la Iglesia. Si bien al principio me pareció un tanto parado, después nos dio el testimonio de su espontaneidad, en la profundidad de sus palabras, en el gesto de recogerse para rezar, en la sonrisa de persona buena.
 
La Orden de San Juan de Dios tiene tres Centros en Argentina. Dos en la diócesis de Bergoglio y el tercero en una distinta. Se le ve un hombre evangélico, sencillo, cercano a los pobres y a los que sufren. En sus visitas a nuestros Centros se prodigaba en este dimensión de sencillez y sensibilidad por llegar a cada uno, por comprender su situación. Todos valoran el nombre de Francisco, por su identificación con el “poverello de  Asís”. Su figura me hace recordar al Cardenal Eduardo Pironio también argentino.
 
Como religioso, estoy contento de que él sea Jesuita. El hecho de serlo lleva consigo, dentro de la Iglesia, una dimensión carismática, con mucha reflexión teológica, en su caso, llevada a cabo por los miembros de la Compañía de Jesús, con unas opciones muy claras en posiciones que defienden la justicia y a favor de los necesitados, en todas las partes del mundo, pero especialmente en América Latina, donde él nació y ha vivido siempre.
 
Nos unimos a su persona y pedimos por un fructífero Pontificado por el bien de la Iglesia y de la sociedad.