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(CR) Benedicto XVI ha presidido este miércoles su penúltima audiencia general, celebrada el primer día de Cuaresma en el Aula Pablo VI del Vaticano. Al inicio de la audiencia Benedicto XVI ha reiterado las palabras con que anunció su renuncia, el pasado lunes: “Lo he decidido en plena libertad y por el bien de la Iglesia, después de haber rezado largo tiempo y de haber examinado mi consciencia ante Dios, profundamente consciente de la gravedad de este acto”.

“Me sostiene e ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo. Él no le hará faltar nunca su guía y cuidado”, dijo el papa para enmarcar la decisión tomada y como argumento para justificar el relevo en las funciones de sucesor de Pedro. También aprovechó el primer acto público para “Agradecer a todos por el amor y la oración con la que me han acompañado”. “En estos días no fáciles para mí, he percibido casi físicamente la fuerza de la oración, que me da el amor de la Iglesia y de vuestra oración. Sigan rezando por mí, por la Iglesia y por el futuro Papa”, añadió para terminar asegurando que “¡El Señor nos guiará!”.

En el primer acto público tras la renuncia, ha centrado su catequesis en las tentaciones: ”¿Qué es lo importante en la vida? ¿Qué puesto ocupa el Señor en nuestra existencia? Las tentaciones que afronta Jesús muestran el riesgo de instrumentalizar a Dios, de usarlo para el propio interés, para la propia gloria”.

Benedicto XVI ha remarcado que “dar a Dios el primer puesto ante las tentaciones requiere ‘convertirse’; significa seguir a Cristo de forma que su Evangelio sea guía concreta de la vida; es reconocer que somos criaturas, que dependemos de él, de su amor; que solamente ‘perdiendo’ la vida por su causa la podemos ganar. Convertirse es no dejarse invadir por las ilusiones, las apariencias, las cosas; es buscar que la verdad, la fe y el amor en Dios sean lo más importante de nuestra vida.” 

Aquí se puede leer también la homília que ha pronunciado en la celebración del miércoles de ceniza.