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(David Casals/CR) Cada enero se dedica una semana de oración por la unidad de los cristianos, pero, ¿cuál es la clave del ecumenismo, el diálogo entre las diferentes tradiciones cristianas? "Tenemos que estar dispuestos a dialogar y no a imponer las verdades", expone en una conversación con Catalunya Religió la teóloga protestante Joana Ortega.

Ortega es la responsable del departamento de ecumenismo y diálogo interreligioso de la Iglesia Evangélica de Cataluña, una de las denominaciones protestantes históricas de Cataluña y que agrupa a comunidades de tradición metodista y presbiteriana. Conversamos con ella a raíz de esta semana de oración que se celebra poco después del inicio del año, y que en el hemisferio norte se realiza del 18 al 25 de enero, y en el sur entorno a Pentecostés.

"Llevo muchos años participando en encuentros. He ido a muchos", explica Ortega, que indica que desde el mundo protestante el ecumenismo no se vive en todos los sitios de la misma manera: hay comunidades cerradas y fundamentalistas, que no participan en las iniciativas de diálogo con otras denominaciones protestantes, iglesias cristianas y tradiciones religiosas. En cambio otros lo hacen activamente.

"Los protestantes tenemos un problema que, a la vez, es una ventaja. No tenemos el sentido de ser una iglesia, de ser un único pueblo, sino de ser de muchas iglesias", cada una de las cuales es una de las ramas del gran árbol del cristianismo.

Ahora bien, indica que la "memoria histórica" ​​sigue siendo algo que todavía pone dificultades al diálogo entre cristianos en Cataluña y en el Estado: hasta la aprobación de la Constitución de 1978 y con el paréntesis de la Segunda República, la legislación española no reconocía la libertad religiosa. Muchos fieles aún recuerdan años de dificultad, sobre todo la intolerancia entre 1939 y 1945, cuando las iglesias evangélicas fueron clausuradas.

Se hace trabajo ecuménico a escala local, y también a nivel interncional. Ahora bien, Ortega añade que en los actos ecuménicos a los que asiste hay un problema: "Falta gente joven. Es aterrador. En general, tengo la sensación de que no les interesa demasiado este tema", todo lo contrario de lo que le pasó a ella que, de joven, cuando estudiaba teología protestante, se empezó a interesar por el diálogo con otras tradiciones cristianas. Claro que entonces eran otros tiempos, con el empuje que tomó el diálogo ecuménico coincidiendo con cambios sociológicos y el impacto de la apertura que significó el Concilio Vaticano II en el mundo católico.

Dentro del protestantismo, hay una gran diversidad, recalca. Ortega forma parte de una denominación donde hay plena igualdad entre hombre y mujer, algo que no sucede en otras denominaciones. "Desde un punto de vista personal, creo que a veces tienes la sensación de que en diálogos ecuménicos se tratan de cuestiones que tenemos superadas, como la jerarquía o la participación de la mujer", añade.

Sin embargo, indica que para el diálogo hay una condición básica: "Saber que uno no tiene la verdad absoluta, no querer imponer verdades y dialogar ". Es decir, no acudir a una iniciativa de encuentro con ánimo de buscar fieles, querer "evangelizar" y hacer proselitismo.

Precisamente a Ortega le toca dialogar, y no sólo a nivel ecuménico: dentro de su denominación, la Iglesia Evangélica de Cataluña, lidera un grupo de trabajo sobre ética y sexualidad, una cuestión que aún sigue provocando controversia entre los cristianos.