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(Víctor Gay / El Senyal) La Navidad del 2011 será recordada, entre otras razones y con respecto al Estado español, por el anuncio de ETA del cese definitivo de lo que los terroristas llaman "lucha armada". En principio se puede creer que la paz ha ganado el pulso a la violencia.
 

Reacciones desde la Iglesia

 
Tras el anuncio, han opinado una serie de instituciones públicas y cívicas, y la Iglesia -primero la de Euskadi y también desde la Conferencia Episcopal Española- ha reaccionado.
 
El obispo de la diócesis de Bilbao, Mario Iceta, fue uno de los primeros en manifestarse: "Todos esperamos la desaparición de ETA, que anhelamos que llegue cuanto antes ". También calificó el anuncio etarra de" paso muy positivo "y, como obispo, se unía" a la alegría de la sociedad ". En referencia a las víctimas, afirmaba que "hay que guardar memoria y acompañarlas con todo nuestro cariño, y les ofrecemos la ayuda que les sea necesaria".
 
Por su parte, el titular de la sede de San Sebastián, José Ignacio Munilla, dio gracias a Dios "para ver más cercana, más ineludible y urgente la disolución de ETA". Tampoco olvida las víctimas: "Su dolor, que no ha cesado, no puede ser silenciado por la comprensible ilusión social que ha generado la noticia". Igualmente, el obispo Munilla reconoce que el trabajo pendiente todavía es muy grande, y finaliza su carta diciendo: "Como Iglesia del Señor, nos queremos ofrecer a Dios y, con su ayuda, a toda la sociedad, como instrumentos de reconciliación, para que las heridas abiertas puedan cicatrizar ".
 
El obispo de la diócesis de Vitoria, Miguel Asurmendi, también reacciona ante el anuncio de ETA, y espera que muy pronto la banda se disuelva. No olvida tampoco sus sentimientos de unión con las víctimas, y reitera la oferta de la Iglesia para ayudar en la reconciliación.
 
La nota de la CEE
La Conferencia Episcopal Española, por medio de su portavoz oficial, el obispo Juan Antonio Martínez Camino, hacía público un comunicado de los obispos, que "se alegran por la declaración del cese de la violencia terrorista ", manifiestan su deseo de cese absoluto de todas las actividades terroristas y que" ojalá que esta declaración de ETA sea un paso significativo ".
 
Los obispos no olvidan tampoco a las víctimas del terrorismo: "Estamos con ellas", manifiestan, y les expresan su "afecto, respeto y sincera solidaridad, e igualmente a tantas personas que de forma directa o indirecta han sufrido los efectos del terrorismo ", para reiterar que"estamos con las víctimas y pediremos siempre que se les haga justicia ".
 
Respecto del futuro, los obispos españoles piden a los miembros de ETA "conversión, es decir, cambio de corazón", señalando que "los terroristas no pueden ni deben ser reconocidos como representantes políticos de nadie ", ya que" el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonada de la vida ", y recuerdan que" ningún católico puede formar parte de una banda terrorista, darle apoyo ni encubrirla ".
 
El referente: instrucción pastoral de 2002
La posición de la Iglesia católica española respecto al terrorismo se concretó hace nueve años, a través de una instrucción pastoral, que precisamente lleva por título "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias". Este texto pastoral ha inspirado dicho comunicado que comentábamos y que  tiene otro antecedente, en otra instrucción pastoral: "Constructores de la paz".
 
En la instrucción de 2002, se define a ETA como "una asociación terrorista, de ideología marxista revolucionaria", y que su estrategia es "la implantación del terror, al servicio de una ideología, en toda la sociedad".
 

 
Se afirma también: "el nacionalismo en que se fundamenta ETA no cumple las condiciones requeridas para su legitimidad moral", y claramente se afirma que "el nacionalismo de ETA es un nacionalismo totalitario y idolátrico y que "ignora que cualquier proyecto político que pueda merecer un juicio moral positivo tiene que estar al servicio de las personas, y no a la inversa".
 A los terroristas, ya les pedía "la necesidad de la conversión de corazón como único camino para llegar a una paz verdadera".
 
El documento de referencia dedica su última parte a las víctimas, y considera que "entre las primeras obligaciones de los cristianos y de sus comunidades tenemos este acompañamiento y atención pastoral".
 
Tras las elecciones generales y con la presencia con grupo parlamentario propio de la formación independentista Amaiur, ¿habrá unas nueva oportunidad para la paz definitiva en Euskadi?
 
Texto publicado en la revista diocesana El Senyal de Girona .