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(Abadía de Montserrat) El abad Josep M. Soler predicó en la misa con ocasión de la solemnidad de la Asunción de la Virgen. A continuación, algunos párrafos destacados:
 
"... Porque la lucha entre el Espíritu del Mal y los cristianos continua en nuestros días. En este sentido, podemos decir que la solemnidad de hoy nos ayuda a encontrar el sentido cristiano de la historia humana, con sus luchas y sus dolores.
 
La resurrección de Jesucristo ya ha inaugurado la nueva era del Reino de Dios; la gracia del Mesías está presente en los creyentes y los mueve a trabajar por el bien y por la justicia; el Espíritu actúa en el mundo, la Iglesia continúa su misión de anunciar el Evangelio y de engendrar nuevos hijos de Dios... Pero todavía no ha llegado la plenitud final.
 
Mientras no llegue, los cristianos hemos de continuar el combate espiritual contra el pecado y la falta de espíritu evangélico para ir transformando nuestro interior según Dios. Tenemos que ir luchando y trabajando, también, por un mundo más justo y fraterno, sabiendo que nuestro testimonio cristiano no será compartido por todos, porque defendemos unos valores, una visión del ser humano y un proyecto de solidaridad y de justicia que son contrarios a otras visiones y a muchos intereses que quieren dominar la sociedad, que quieren imponer modos de hacer y quieren controlar la economía. Quizá no seremos atacados de cara pero sí desacreditados o ridiculizados. El dragón, el Espíritu del Mal, continúa queriendo devorar el mensaje de Jesús y al Mesías que la Iglesia pone constantemente en el mundo (...)
 
La actitud que corresponde a esta realidad que nos toca vivir es la perseverancia y el trabajo incansable para construir un mundo mejor, vigorizados por la esperanza pascual y por la realización que contemplamos en María.
 
En nuestros días, estamos viendo cuáles son los resultados de querer crear una sociedad sin la dimensión espiritual, sin Dios y sin los principios éticos que han sustentado el pensamiento occidental nutrido por la tradición cristiana. Olvidando a Dios y dejando de lado estos principios, se ha creado una situación que conlleva un inmenso vacío en el alma. Hemos visto, también, que la economía funcionaba "como un interminable canibalismo de egoísmos y de intereses", por decirlo con palabras recientes de un pensador (cf. Gabriel Magalhães, La partícula espiritual, en LaVanguardia, 30/07/2012, p. 18). La lógica de los mercados financieros, con la locura de su especulación, ha tenido y tiene repercusiones pesadas sobre las familias y sobre las clases sociales más débiles; ha crecido el paro y ha aumentado el número de quienes viven bajo el umbral de la pobreza, con la correspondiente situación injusta y angustiosa y la creciente marginación.
 
Aumenta la desconfianza en los políticos, por los abusos de unos y por una gestión muy cuestionada de otros. Aumenta la desconfianza en la banca y en las demás instituciones financieras. Algunos pilares fundamentales de la sociedad se tambalean. Hay, pues, que aportar nuevas actitudes en la vida pública que superen una visión puramente materialista y utilitarista de la realidad. Y también es necesario redescubrir la dimensión espiritual que nutre la ética de la persona y de la sociedad.

La Asunción de Santa María, que celebramos hoy, nos descubre cuál es el horizonte de nuestra existencia, cuál es la grandeza de cada ser humano. Somos hombres y mujeres portadores de una fuerza espiritual, llamados a una plenitud que se inicia en esta vida pero que no tendrá su pleno desarrollo hasta que lleguemos a la vida futura. Ahora tenemos que vivir desde el amor la relación con Dios y la transformación de las realidades terrenas y abrirnos a la realidad futura, eterna, donde reina la plenitud del amor. De aquí podemos sacar la luz y la fuerza para vivir con alegría y con esperanza el presente".