Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(FJM) La Fundación Joan Maragall ha celebrado esta tarde una sesión conmemorativa del 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II, "el acontecimiento religioso más importante del siglo XX", afirmó su presidente, Josep M. Carbonell. "El Vaticano II no tiene retorno y su camino -aseguró-, a pesar de los problemas que hemos podido vivir, continuará, porque 50 años más tarde mantiene toda su vigencia y orientación ".

El acto ha comenzado con la presentación del volumen núm. 75 de la colección Cristianismo y Cultura que lleva por título El Concilio Vaticano II, 50 años después, a cargo de Pere Lluís Font, vicepresidente de la FJM y coordinador del libro. Este trabajo reúne los textos de las conferencias de un ciclo organizado por la FJM durante la primavera, que ha sido "una evocación descriptiva o historicista, quizás nostálgica, de una primavera eclesial que muchos consideran que se marchitó demasiado deprisa". Por esta razón, Pedro Luis ha recordado que pidió a los ponentes "que evocaran con realismo el proceso conciliar, pero teniendo muy presente la situación actual, que es la nuestra".
 
El libro comienza con un texto de Josep M. Rovira Belloso sobre la significación global del Concilio, y continúa con una presentación, desde la perspectiva histórica y desde la presente, de los principales documentos que originó, especialmente de las cuatro constituciones: Ignacio M. Fossas trata de la constitución -constitución sin calificativo -Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, Juan Planelles, de la constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, Armand Puig, de la constitución dogmática Dei Verbum sobre la revelación, y Sebastià Taltavull, de la constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo. A continuación, Antoni Matabosch  se ocupa de tres documentos de rango inferior, pero que tuvieron también una gran relevancia, porque suponen un cambio impresionante: la declaración Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa, el decreto Unitatis redintegratio sobre el Ecumenismo y la declaración Nostra aetate sobre la relación con las religiones no cristianas. El último texto publicado corresponde a la conferencia pronunciada por Salvador Pié-Ninot, que hace un balance de la recepción del Concilio, entre la reforma y la restauración. Y el libro se cierra con las intervenciones de Josep Escós, Lluís Foix, Teresa Forcades y Joan Rigol, con téxtos a partir de la mesa redonda en la que participaron sobre El Concilio Vaticano II, hoy, porque "si nos interesa conocer qué representó el Concilio en su momento es sobre todo porque nos interesa qué representa aún en la actualidad".
 
El vicepresidente de la FJM y coordinador del libro ha recordado que "la fuerza y ​​la debilidad del Concilio fue gracias a que se convino de considerarlo un concilio pastoral ". "Su fuerza, porque se creó un clima nuevo, que permitió hablar con una notable libertad de expresión sobre muchos de los grandes problemas planteados. Pero también su debilidad, porque la idea de un concilio pastoral sugiere que no hay un debate doctrinal  sino que sólo es cuestión de encontrar el lenguaje y las maneras adecuadas para la evangelización. Por eso se puede pensar que el Concilio Vaticano II, a pesar de sus aires renovadores, sólo incipientemente y tímidamente podía responder a los desafíos que el mundo moderno plantea a la fe cristiana. Para responder plenamente a estos desafíos, habría sido necesario no solamente renovar el lenguaje, sino también el imaginario -el sistema de representaciones- y el pensamiento ".
 
"Con todo, el Concilio Vaticano II fue un momento feliz de autoexamen, de diálogo intraeclesial y de apertura al mundo moderno. Un momento decisivo en la incipiente inculturación moderna del catolicismo. Y en este sentido inició un movimiento de no retorno que hay que reivindicar con fuerza ", resumió Pedro Luis.
 
 
Fidelidad al Concilio Vaticano II en el siglo XXI, por Juan Martín Velasco
 
El acto, que ha tenido lugar en el auditorio de la Facultad de Comunicación Blanquerna (URL) de Barcelona, ​​ha contado con la ponencia Fidelidad al Concilio Vaticano II en el siglo XXI, a cargo de Juan Martín Velasco, profesor emérito de Fenomenología de la Religión en la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid y en la Facultad de Teología San Dámaso (Madrid), que ha sido presentado por Francesc Torralba, patrón de la FJM.
 
Martín Velasco afirmó que está convencido que la conmemoración del Concilio "puede ser una gran oportunidad para la Iglesia". A algunos - "la generación menguante" - que lo vivieron, les puede permitir, dijo, "revivir aquel clima de alegre esperanza de que su convocatoria extendió entre nosotros, y que años de disputas en la interpretación de sus textos y de vacilaciones y temores en la aplicación de sus principios han convertido en situación generalizada de decepción ". "A las generaciones ascendentes en la Iglesia, tentadas de reducir el Concilio al número 21 de la lista de los concilios ecuménicos y los documentos que promulgó a textos pertenecientes a un pasado ya olvidado, podría permitirles descubrir lo que el Concilio tuvo de evento extraordinario, de hito en la historia de la Iglesia que marcó el fin de una época -la de la Iglesia concebida como sociedad perfecta, fuertemente institucionalizada y centrada en la jerarquía-, y el comienzo de otra en la que redescubrió su condición de misterio de comunión y de pueblo de Dios, que aún está esperando la forma original de institucionalización que se corresponda con ella ".
 
"Para que esta oportunidad se convierta en el evento de gracia para la Iglesia del siglo XXI , como lo fue el inicio del Concilio para la del siglo pasado -ha continuado Martín Velasco-, considero indispensable auscultar a la luz de la Evangelio los fenómenos más importantes de nuestro momento histórico, notablemente diferentes de los de mediados del siglo pasado, para descubrir en ellos los signos de los tiempos a través de los cuales el Espíritu continúa llamando a las puertas de la Iglesia ".
 
"Creo que el acontecimiento más grave de los que hoy reclaman la atención y la respuesta de la Iglesia es la crisis religiosa que en los últimos años se ha radicalizado hasta convertirse en crisis de Dios, que afecta también a quienes nos llamamos creyentes ", añadió. "Tienen razón, los intérpretes del Concilio que piensan que el Vaticano II prestó escasa atención al centro de la vida de sus miembros, la vida de la fe y su cultivo en las nuevas condiciones de secularización y extensión de la increencia, de las que ya se empezaba a tomar conciencia por aquellos años, pero de lo que los textos conciliares apenas se hacen eco ", puntualizó Juan Martín Velasco.
 
"La evolución de los acontecimientos en los últimos 50 años ha mostrado una vez más que una verdadera reforma de la Iglesia nunca puede reducirse a ser reforma de la iglesia-explicó-. Por ello, estoy convencido de que para ser fiel a su misión, la Iglesia actual deberá comenzar a tomar conciencia de la debilidad de la fe de sus comunidades y reorientar su acción pastoral hacia la iniciación, el cultivo, la educación de la fe de sus miembros, como condición indispensable para su supervivenciacia como Iglesia ".
 
Martín Velasco se mostró crítico ya la vez realista porque "no se conseguirá la conversión de las personas si no se renuevan a la vez unas estructuras de la Iglesia como las actuales, en las que encaja difícilmente esta indispensable pastoral mistagógica, orientada al cultivo de la experiencia personal de la fe de los cristianos ".
 
"Nuestros tiempos presentan hoy muchas otras características, no atendidas suficientemente en el Vaticano II, y que constituyen otros signos de los tiempos que es necesario que se interpreten con atención desde el Evangelio". "Entre ellos considero particularmente importante el hecho de la injusticia generalizada y de la pobreza en el mundo, la situación de globalización y el pluralismo cultural y religioso que origina, y el estatuto de la mujer en la Iglesia. De la atención a ellos, de su correcta interpretación a la luz del Evangelio y de que respondamos a los requerimientos que nos dirigen depende, ciertamente, la fidelidad de la Iglesia actual al Vaticano II, y, tal vez, el futuro del cristianismo en Europa, el continente en el que se extendió al comienzo y desde el que se esparció por todo el mundo ", concluyó Juan Martín Velasco.