Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(CR) El claretiano Josep Maria Abella y el marista Emili Turú han sido reelegidos como miembros del consejo ejecutivo de la Unión de Superiores Generales (USG), el organismo internacional que reúne a todas las órdenes religiosas. La asamblea general ha renovado los cargos directivos, entre ellos la presidencia. El franciscano gallego José Rodríguez Carballo sustituye al salesiano mexicano Pascual Chávez.

El consejo ejecutivo es elegido por los representantes de las órdenes religiosas de todo el mundo y está formado por doce personas. Abeja y Turú ya formaban parte del anterior equipo elegido el 2009. Los dos también fueron escogidos para participar en el Sínodo de Obispos de este octubre sobre la Nueva Evangelización. Josep Maria Abella había sido vicepresidente de la USG, y ahora ha sido relevado por el jesuita Adolfo Nicolás.

Josep Maria Abella es superior general de los Misioneros Claretianos desde 2003 y en el último capítulo general de 2009 fue reelegido por seis años más. Fue destinado al Japón siendo seminarista y ha dedicado la mayor parte de su vida al continente asiático. Emili Turú fue elegido superior general de los Hermanos Maristas en 2009. Su actividad pastoral en Cataluña se centró especialmente en los niños y los jóvenes y después en tareas de formación en diversos servicios provinciales.

La 80º asamblea de la USG, que se celebra dos veces al año, se reunió en Roma este mes de noviembre. Además de la renovación completa del equipo directivo, se dedicaron las sesiones a valorar los contenidos del Sínodo sobre la Nueva Evangelización y a trabajar sobre las implicaciones de la vida consagrada ante la crisis económica.

Para hablar del Sínodo invitaron al corresponsal en Roma del diario La Croix, Frédéric Mounier, y recogieron las reflexiones de los superiores generales que participaron en la asamblea episcopal. La reflexión sobre la crisis financiera la protagonizó el economista Stefano Zamagni, que relató la incapacidad del sistema financiero de dar respuesta a las necesidades de las personas. Como reacción desde la Iglesia puso la caridad en el centro: "No basta con anunciar la verdad. Es necesario traducirla en obras" e invitó a los religiosos a centrarse en "hacer menos y hacer comprender más".