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(CR) Este martes se han entregado las Medallas de Honor del Ayuntamiento de Barcelona a 25 personas y entidades que ayudan a construir la ciudad gracias a su labor de vocación social. En el acto, uno de los galardonados, el escolapio Enric Canet, hizo un discurso en nombre del resto de premiados. Se puede leer el texto completo a continuación.

Señor Alcalde, Concejalas y Concejales de la Ciudad, personas y entidades galardonadas, ciudadanas y ciudadanos que participéis en este acto.

Intuyo que alguno de vosotros, compañeras y compañeros de la Medalla de Honor, cuando os  enterasteis de quien más se encontraba en la lista de los galardonados, también os entró el vértigo que me cogió de encontrarme al lado de gente y entidades de una altísima calidad humana y ciudadana.

Porque, siguiendo los nombres, hay personas muy significadas y reconocidas en el ámbito de la medicina y la cooperación, economistas, artistas, personas defensoras de los derechos humanos, activistas en su barrio, en el comercio, en la promoción cultural, en el deporte y personas que han hecho de la educación su compromiso.

Y también se encuentran las entidades sociales admiradas desde hace muchos años, escuelas estimadas y arraigadas en el propio barrio y trabajando para grupos vulnerables, asociaciones de vecinas y vecinos y entidades cercanas a colectivos desfavorecidos, entidades culturales de larga tradición.

Por encima de todo, personas y entidades implicadas en el servicio de nuestra gran ciudad, formada por pequeños pueblos; y es que lo son todavía muchos de nuestros barrios. Es un honor ser reconocido con todos vosotros, pero también me hubiera gustado poder añadir los nombres de tanta gente conocida que trabaja incansablemente para hacer más amable mi Barrio y el Casal y a los que dedico este galardón.

Pero más vértigo es que la Ciudad que quiero, con una mezcla de orgullo y de desesperado dolor, y en este Salón donde hay concentrada su historia, precisamente en medio de mi querida Ciutat Vella, me haya añadido a la lista.

Por eso, como vosotros, hoy me siento un heredero más y a la vez transmisor de tantas generaciones de mujeres y hombres que han trabajado, muy a menudo desde el anonimato, para hacer de Barcelona no solo esta ciudad de renombre mundial sino y por encima de todo, un espacio acogedor y luchador. De tanta gente que se asoció para levantar Barcelona en los momentos críticos. Herederos de quien, durante los sitios y las guerras, mantuvieron alto el espíritu de lucha y de ayuda a los heridos. Y en otras crisis, entregando la propia vida, giraron los ojos hacia los que sufrían más dolor. La historia de barrios como el Raval, tejido de redes solidarias que mantenían en vida a quienes la perdían poco a poco, desde los primeros hospitales, las instituciones de beneficencia, los ateneos populares, las sociedades corales o los grupos de resistencia obrera.

Porque nuestra ciudad no se ha construido de tiempo de victoria sino en aquellos de aparente fracaso, cuando los valores que llaman a vivir brotan en personas que, en el roce, empapan de la ternura que transforma. Las piedras no hablan de grandes conquistas, sino de aquella gente que, en medio de la urdimbre de grandes hazañas, va tejiendo la trama de la vida de la ciudad para hacerla más acogedora y más humana.

Por eso, si hoy celebramos este acto, y estoy seguro de hablar en nombre de las compañeras y compañeros, queremos que el honor que se nos otorga sea un compromiso por parte de todos para que la ternura y la justicia sean las fuerzas que nos hagan superar este tipo de letargo que sufrimos con la estocada de la crisis.

Un compromiso de estas personas y entidades, estoy seguro, es el de hacer el propósito de mantenernos fieles al servicio de nuestro pueblo, que comienza en los barrios de Barcelona. Pero, también y por parte de todos, de no dejarnos morir en vida y hacer de la esperanza y la ilusión la brújula que nos guíe a todas y a todos los ciudadanos, compañeros nuestros de viaje que tenemos en este tiempo incierto que nos toca vivir.

Y es necesario que lo hagamos con los pies en el suelo y, allí donde los hemos arraigado, poner nuestra cabeza y nuestro horizonte. Sabiendo que el futuro será totalmente diferente al que hemos vivido hasta hace unos años pero que las grandes palabras que han acompañado la historia milenaria, deberán seguir siendo: justicia, paz, bondad, generosidad, lucha y unión con todas las personas desde todas las sensibilidades. Un futuro que se construirá del agua de luz que brote de las piedras de este tiempo nuevo que ahora esculpimos nosotros, desde este espacio de historia que es nuestro.

Os ofrecemos, al Consistorio actual y  a los del futuro, nuestro apoyo. A vosotros que vais marcando las políticas a seguir. Os pedimos que sean la herramienta para no perder la imprescindible necesidad de mirar los ojos de las personas. Os pedimos que nunca apartéis la vista sobre todo allí donde parece que la ciudad acaba. Os pedimos que no olvidéis que todas las persona de nuestra ciudad y las que vienen a ella, también quieren ser felices y tienen el derecho de serlo. Y que esta felicidad os haga perder el sueño. Amigas y amigos del Consistorio, que el pobre y el desvalido sean cada vez más vuestros únicos señores.

Así, nos tendréis a vuestro lado. A veces críticos, porque a vosotros y a nosotros nos duele el sufrimiento de los demás, y hay cosas que no podremos tolerar. Pero siempre formando parte de esta ciudadanía que se expresa organizadamente. Y próximos a la otra ciudadanía, estos nuevos movimientos sociales que también tienen mucho que decirnos y con los que tenemos que tender puentes de diálogo para trabajar, porque todos juntos tendremos que ir buscando nuevos caminos para una gobernanza más participativa que exija más implicación de todas y de todos.

Por ello, a la ciudadanía que nos acompaña hoy, os pido que nos sigáis exigiendo apartar, en palabras de Espriu,"el oro, el sueño pesado y el nombre, la hinchazón vacía las palabras, la vergüenza del vientre y los honores". Y que todos juntos, nos mantengamos fieles a nuestra ciudad para ser partes de una historia que vamos tejiendo entre todos nosotros.

El futuro será mucho mejor si, parafraseando a Joan Maragall, nos esforzamos en nuestro quehacer como si de cada detalle que pensamos, de cada palabra que decimos, de cada pieza que pongamos, de cada golpe de martillo que damos, dependiera la salvación de la humanidad. Porque depende, creedme.

Nuestra ciudad es obra de todos nosotros. Y hoy es un buen día para creérnoslo de verdad.

A todas y a todos mis compañeros, muchas felicidades. ¡Os merecéis de verdad la Medalla de Honor de la Ciudad!

Gracias,

Enric Canet