La presencia de las monjas benedictinas en el santuario de Puiggraciós durante más de medio siglo ha sido una historia que ha generado una especie de hilo de oro colectivo. Este lunes por la noche, decenas de personas las han acompañado en su despedida como responsables del Santuario. Las monjas del Monasterio de Sant Pere de les Puel·les de Barcelona reabrieron este santuario del Vallès y ahora se marchan. Pero la priora administradora de la comunidad, Roser Caminal, dejó un mensaje de continuidad, no de punto final. Ellas iniciaron un recorrido de apertura y acogida en el santuario que esperan que continúe abierto.
La despedida fue un agradecimiento popular a la presencia de las monjas. Lo hicieron los cuatro alcaldes de los municipios vinculados territorialmente al santuario: l’Ametlla del Vallès, Bigues i Riells del Fai, la Garriga y el Figaró. Lo hizo el obispo de Terrassa, Salvador Cristau, quien ahora será la entidad responsable de la gestión del santuario. Y lo hizo la Asociación de Amigos del Santuario de Puiggraciós, que se constituyó hace un par de años para ayudar al sostenimiento y para promover las actividades religiosas y culturales del santuario. El presidente, Joan Lluís Zamora, expresó emocionado el compromiso de todos los presentes que llenaban la plaza del santuario para que Puiggraciós continúe siendo un referente de “espiritualidad, naturaleza, cultura y país” para todos los que se acercan. También fueron a despedir a las monjas varios sacerdotes y religiosos de las diócesis vecinas que participan regularmente en la vida del santuario.
Las benedictinas iniciaron un recorrido de apertura y acogida en el Santuario de Puiggraciós que esperan que continúe abierto
Desde hace unas semanas ya no está la pequeña comunidad de monjas viviendo en el santuario. Pero Roser Caminal expresó muy bien lo que deja este “referente vital” para tantas personas. Un “hilo de oro” que después de estos años “nos vincula y nos estimula”. Por eso hizo cerrar los ojos a todos para que recordaran la primera vez que subieron a Puiggraciós, con quién lo hicieron, a quién han conocido allí, qué han descubierto personalmente... “Haced presente aquello que habéis recibido y lo que habéis aportado”.
La fecha escogida para la despedida fue la misma que hace 53 años, la de la Vigilia de la Virgen de Puiggraciós, que como las vírgenes encontradas se celebra el 8 de septiembre. La imagen de la Virgen se situó en la puerta de la iglesia, desde donde miraba a los participantes, mostrándoles al niño Jesús durante los largos momentos de silencio.
Después vinieron las palabras de despedida, con todas las benedictinas de las Puel·les en primera fila. La periodista Laura Mor condujo el acto, en el que intervinieron los alcaldes y entregaron a las monjas una llave simbólica de cada municipio que les recordaba que el santuario siempre será su casa.
En los discursos, el rector de l’Ametlla y vicario general de Terrassa, Fidel Catalán, anunció que “el santuario continuará abierto”. Que habrá una persona que se encargará del santuario y que las próximas semanas tendrán reuniones con los fieles, la Asociación de Amigos y los municipios cercanos para “incrementar las complicidades” e ir definiendo cómo se preserva la vida del santuario. El domingo también se mantendrá la misa de las 10 de la mañana en el santuario. El obispo Cristau cerró los discursos con una invocación a la devoción mariana.
En el acto también se presentó la reedición del Cuaderno de Estudios Garriguencs sobre los 50 años de presencia benedictina en Puiggraciós, escrito por Víctor Rodríguez y con un texto de la benedictina Griselda Cos.
Durante estos años, una veintena de monjas han pasado por Puiggraciós. De todos los asistentes, quien no conocía a una, conocía a otra. O a todas. O recordaba a las que ya no están. Por eso, al lado de la sonrisa que siempre llevan las monjas dentro, también se vieron caer lágrimas. En espera de que realmente la experiencia de Puiggraciós pueda continuar siendo posible sin la presencia de las monjas.