Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Galería de imágenes

(Lucía Montobbio-CR) Pere Ariza contestaba al teléfono: “No estamos en condiciones de hablar, han declarado toque de queda permanente, desde las tres de la tarde. Están matando a la gente en las calles, asesinando a personas … es una batalla campal. Algunos indígenas están avanzando, les lanzan bombas, granadas, esto es terrible, muchos han sido heridos de bala. ” Ecuador vuelve, poco a poco, a la normalidad después de 12 días de protestas. El origen, un decreto económico que perjudicaba especialmente un sector de la población. En Quito se han vivido escenas de cruenta violencia. Los movilizados han defendido sus derechos básicos creando diferentes puntos de paz, entre los que han figurado dos universidades católicas. La iglesia también ha sido actor mediador en las altas esferas políticas. Pere Ariza, promotor agroecológico, consultor, profesor universitario; Nataly Prieto, directora de servicios alimenticios en la ONG Rikolto, y Mauricio Burbano, jesuita, profesor en la Pontificia Universidad Ecuatoriana, y director adjunto del Servicio de Jesuita a Refugiados, explican cómo han vivido estos días.

Pere, ¿qué ha pasado estos días en Quito?

Pere: En Quito, hemos visto enfrentamientos muy fuertes entre policías y manifestantes; quien no cumplía el toque de queda, sufría medidas de represión: bombas lacrimógenas, granadas, perdigones.

¿Cuál ha sido el objetivo de estas marchas?

P: Derogar el decreto 883, decreto que imponía el aumento, el alza de los combustibles, en un 30% la gasolina extra, y en un 120% en caso del Diesel. Este paquetazo iba acompañado de medidas económicas, como la reducción en un 20% del salario en caso de nuevos contratos ocasionales, y medidas que afectaban a los derechos laborales de los funcionarios públicos como la eliminación de 15 días de vacaciones. El Fondo Monetario Internacional exigía un paquete económico para dar crédito, a cambio de unas medidas de ajuste estructural. La cantidad de este crédito es muy parecido al mismo que el crédito que Lenín Moreno perdonó a las grandes empresas del país, es decir, derogar ese dinero es muy simple, hay que pedir el dinero a quien no ha pagado sus impuestos.

Nataly, como has vivido estos días?

Nataly: Tengo 33 años, y he vivido siempre en esta ciudad, nunca como en estos días, lo he visto tan violenta y convulsionada, con derechos vulnerados, con atentados a la vida de tantas personas.

¿Qué es lo que habéis hecho durante la protestas?

N y P: Hemos censado el número de personas por comunidad, alojadas en cada uno de los centros de acogida, en los puntos de paz. También hemos formado parte de un grupo que ha coordinado los recursos de los centros: repartición de alimentos en las cocinas comunitarias, o abastecimiento de material como máscaras anti-gas, bicarbonato, equipos de sutura para las brigadas médicas … En estos puntos, han llegado personas heridas y hambrientas después de pasar mucho tiempo en las marchas.

¿Qué es lo que te ha impactado más?

N: Acciones como ordenar a la policía nacional disparar con bombas lacrimógenas caducadas que contienen cianuro, tirar granadas contra los manifestantes, transportar armamento en ambulancias de la Cruz Roja, o declarar el estado de excepción cuando no era necesario. Se decretó el toque de queda para que todas las persones se refugiaran en sus hogares, y sólo quedaran expuestas las personas indígenas, que no tenían un lugar donde resguardarse, exceptuando un par de puntos de paz. Se dejaba abierta la puerta para una masacre.

¿Cómo se ha posicionado la Compañía de Jesús frente a estos hechos?

Mauricio: los jesuitas renovamos, día tras día, nuestro compromiso de caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerables en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia, como dice nuestra preferencia apostólica universal. El Provincial de Ecuador, Gustavo Calderón ha señalado en un comunicado que los jesuitas deploramos la violencia que se ha generado estos días en Ecuador, de manera especial las muertes de ciudadanos en las calles, los heridos, y el caos que ha creado una confusión que oscurece la verdad y las raíces de la problemática que estamos viviendo.

Desde nuestro carisma de “contemplativos en la acción” estamos orando y a la misma vez actuando para curar las heridas que han causado esta situación. En definitiva, intentamos ser agentes de reconciliación en los espacios donde actuamos.

¿Qué acciones ha llevado a cabo la iglesia para reducir la tensión?

M: La Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), en la que también trabajo, se ha convertido en un punto de paz y de ayuda humanitaria. La universidad ha tenido contacto con algunas comunidades indígenas a partir de la vinculación con la colectividad. Esto ha brindado un espacio de acogida, especialmente los más vulnerables: mujeres y niños indígenas. También, quiero destacar la ayuda solidaria y silenciosa de otros sectores como el Servicio Jesuita a Refugiados, su personal ha dedicado acciones humanitarias en diversos centros de acogida de la capital. Este trabajo solidario, en el que han participado tanto personas nacionales como personas extranjeras, se ha visto amenazado por acciones de la fuerza policial.

N: Ciertamente, las universidades han habilitado sus sitios de estudio para dar espacios de suministros, de acogida, de descanso, de alimentación. Una de las universidades es la que indica Mauricio, y la otra es la Universidad Politécnica Salesiana. Los jesuitas y los salesianos han mostrado mucha solidaridad y apoyo a las personas afectadas.

¿En qué más ha participado la iglesia?

M: De manera general, ha participado y continúa haciéndolo, en tres tipos de acciones. En primer lugar, en acciones que se centra en la atención pastoral en los diferentes centros y parroquias para llamar a la paz y al diálogo; en segundo lugar, acciones para acompañar y dar apoyo a las personas indígenas, desde las diferentes diócesis del país que tienen contacto con las comunidades indígenas; y, finalmente, acciones que proporcionan ayuda humanitaria, a partir de la acogida de indígenas en la capital. Uno de los centros ha sido la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, como he comentado.

¿Y como actor mediador?

M: La Iglesia Católica ha tenido un papel fundamental para los esfuerzos de mediación. Hace dos días, en comunión con el Papa Francisco, y los obispos reunidos en Roma, coincidiendo con la celebración del Sínodo sobre el Amazonas, se emitió un comunicado sobre la situación de Ecuador. Invitamos a todos a rezar por la paz social, el diálogo entre los diferentes sectores, y el respeto de los derechos humanos de todos los miembros de nuestro querido Ecuador. Especialmente, nos fijamos en aquellas poblaciones vulnerables, muy afectadas estos días por el impacto de las medidas económicas sobre su vida cotidiana y la violencia que está habiendo en las calles.

Por otra parte, la misma PUCE ha mediado para que no haya un enfrentamiento entre policías y manifestando en las cercanías de la universidad. En esto, tuvo un rol importante el rector, Fernando Ponce, y los estudiantes del área de salud de la PUCE, también jugó un rol importante la Universidad Salesiana y la Universidad Central. Finalmente, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y el Sistema de Naciones Unidas en Ecuador tuvieron un papel relevante de mediación, su resultado fue la derogación del Decreto 833.

¿Para qué debe servir los que vienen?

M: Una vez derogado el Decreto 833, estamos a la espera de un nuevo decreto en el que se tengan en cuenta todos los actores sociales del país, especialmente a los más vulnerables. El error del gobierno, fue imponer un decreto – elaborado según las líneas del FM- pero sin contar con un diálogo previo. Esto resulta incomprensible para un gobierno que desde sus inicios, ha querido caracterizarse por el diálogo. En todo caso, tenemos que aprender de esta situación. Este conflicto nos hace ver que tenemos que trabajar mucho para construir un verdadero Ecuador “plurinacional e intercultural”, como se menciona en la Constitución de 2018. No hemos superado el clasismo, ni el racismo. Además, en este tiempo de crisis se evidenciaron discursos y acciones xenófobas, especialmente hacia los venezolanos. Esperamos que la situación nos lleve aprendizajes para ser capaces de ponernos en el lugar del otro, especialmente de los más vulnerables, y valorar la diversidad como una riqueza, no como una amenaza. Sólo así podremos construir una paz firme, basada en la justicia y la equidad.

Como dice nuestro provincial Gustavo Calderón: “Invitamos a todos los actores protagonistas a reflexionar, son días de discernimiento profundo, donde la capacidad de negociación sea iluminada por la generosidad y el sacrificio de todos, al tiempo que las necesidades de las personas más vulnerables estén en el centro de todo. No hay lugar para más sangre. Sí que la hay para una justicia que construya paz y equidad. ”

Traducció de Cristianisme i Justícia