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(CR) “Originalmente, la sinodalidad era el estilo de la Iglesia. En la Iglesia primitiva, el gobierno era sinodal y colegiado, nadie decidía solo”. Así lo ha afirmado la subsecretaria por el Sínodo de los Obispos nombrada en febrero por el papa Francisco, Nathalie Becquart,  en una charla en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Lleida –IREL– sobre sinodalidad. 

El Sínodo de los Obispos que está actualmente en un proceso de escucha diocesana en todo el mundo tiene como reto, afirma Becquart, "dar la vuelta a la pirámide", partir como dice el papa Francisco "del pueblo de Dios, escuchando el 'sensus fidei' por hacer un camino de comunión". Un Sínodo que debe preguntarse sobre la Iglesia, sobre su estilo, para dejar atrás, explica la religiosa "cuya visión jerárquica de la cual habla Yves Congar", e ir hacia la visión original de los primeros cristianos de una fraternidad, aquella "formada por hermanos y hermanas en Cristo". 

Y no se trata, explica, simplemente de reflexionar sobre el tema, sino de vivirlo y ponerlo en práctica. "Este sínodo es un auténtico ejercicio, un camino que hay que hacer juntos, como una peregrinación, para aprender a vivir la comunión de manera más concreta, y hacer participar a todos para prepararlo para la misión". 

Imaginar un futuro distinto para la Iglesia

El paso más importante, cree Becquart, es ahora "la fase diocesana". Una fase, recuerda, inaugurada con la escucha "de todos los bautizados". Un proceso sinodal que se considera dentro de la Iglesia un proceso espiritual que debe ayudar, reconoce, "a imaginar un futuro diferente para la Iglesia y para la sociedad". La sinodalidad, explica la religiosa, no sólo sirve para mejorar la vida de la Iglesia dentro, sino que también tiene siempre "una finalidad hacia el exterior para la sociedad humana". Por eso, explica, es muy importante "ser consciente de que este proceso sinodal está destinado a dar frutos para todas nuestras sociedades y para todo el planeta, no sólo para la Iglesia".

Sin embargo, originalmente la sinodalidad era el estilo de la Iglesia. "En la Iglesia primitiva, el gobierno era sinodal y colegiado, nadie decidía solo". El segundo milenio hizo hincapié en la jerarquía de la Iglesia, percibida como una sociedad perfecta. "Hoy nos encontramos con la obligación de volver a aprender la sinodalidad que estaba presente en los Hechos de los Apóstoles en el Concilio de Jerusalén, afirma Becquart, pero no se trata de copiar y pegar lo vivido en el pasado, "porque las circunstancias y el contexto han cambiado". 

La fase diocesana en la que se encuentra hoy la Iglesia en todo el mundo, explica Becquart, "es un viaje de aprendizaje, un camino para ser una Iglesia que aprende en la que cada uno de nosotros -sacerdotes, obispos, responsables pastorales, mujeres, hombres, bautizados, laicos, consagrados- es siempre un ser más sinodal". 

Y es que, cree Becquart, "no es suficiente con tener un sínodo, hay que ser un sínodo". La Iglesia, afirma, necesita "un compartir interior, un diálogo vivo entre pastores, y entre pastores y fieles". Es uno de los grandes retos de este Sínodo, "fortalecer el diálogo", porque las tres claves indispensables para la sinodalidad viva son, según Becquart, "la comunión, la participación y la misión".

Puede recuperar aquí su intervención, en catalán por escrito y en italiano en vídeo: