Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Per saber-ne més

(Redacción -CRSofia Mata de la Cruz, doctora en Historia del Arte por la Universidad Rovira y Virgili, ha dedicado gran parte de su vida a recuperar y catalogar el fondo del Museo Diocesano de Tarragona. Su labor empezó en 1990, cuando se incorporó al Museo como documentalista y conservadora, y encontró una gran cantidad de obras que estaban en condiciones deplorables. Su afán por recuperarlas y llevarlas a la luz hizo que en el 2014 fuera nombrada directora de dicho centro, cargo que ocupó hasta enero de 2021.

Un año después del inicio de su jubilación, y después de haber recibido la distinción al Mérito Cultural que otorga el Ayuntamiento de Tarragona, Sofia Mata hace un balance positivo de sus 30 años en el Museo Diocesano y explica los retos del nuevo equipo dirigido por Andreu Muñoz, su sustituto.

¿Cómo recuerdas tu llegada al Museo Diocesano?

Cuando entré, lo que encontré fue una institución que estaba agónica, por no decir muerta. Las salas estaban cerradas a los visitantes, y aunque había un patrimonio impresionante, prácticamente era desconocido y se estaba estropeando, porque estaba en unas condiciones deplorables. Desde el primer momento nuestra labor fue la de luchar por recuperar lo que forma el fondo del Museo, catalogarlo, fotografiarlo y recuperar toda la información sobre las obras, que posteriormente se restauraron. En definitiva, mi trayectoria de trabajo en estos treinta años ha sido la de resucitar el Museo, puede decirse así. Volver a ponerlo en el lugar que merecía, a la altura de otras instituciones similares, hacerlo visible.

¿Se ha logrado el objetivo?

Hemos conseguido realizar mucho trabajo, que va desde la apertura de las salas a los visitantes, a la realización de catálogos y un gran número de exposiciones temporales, entre otros. Todo esto en unas condiciones muy duras, porque siempre hemos tenido que luchar por conseguir la financiación para continuar. También hemos avanzado mucho en la informatización, lo que nos ha permitido entrar a formar parte del registro de museos de Catalunya. Aún quedan muchas cosas por hacer, pero cuando echo una mirada hacia atrás siento una gran satisfacción personal, porque sé cómo estaba la institución y la puedo comparar con la situación actual.

El nuevo director, Andreu Muñoz, lleva ya un año al frente del Museo. ¿Cómo valoras la labor del nuevo equipo?

Estoy tranquila porque sé que el equipo actual sigue la línea que marcamos desde mi llegada, y sé que el Museo seguirá vivo y moviéndose. Andreu Muñoz tiene una gran experiencia previa con el Museo Bíblico y se lo ha tomado muy en serio, aunque sigue existiendo el problema financiero. Los problemas económicos hacen que no se pueda disponer de un presupuesto que sí tienen otros museos parecidos al nuestro, es un problema de siempre.

 

"TENEMOS SALAS MAGNÍFICAS, PERO NO PERMITEN QUE EL MUSEO MUESTRE TODO SU POTENCIAL"

 

¿Qué reto tiene ahora el Museo?

Desde la fundación del Museo Diocesano ha habido una tendencia a considerarlo un apéndice de la Catedral, porque las salas están distribuidas alrededor del claustro y esto hace que muchas personas, tanto dentro como fuera, piensen que es un apéndice. Puesto que sólo se puede mostrar una parte muy pequeña de lo que realmente constituye el fondo que tiene el Museo, piensan que es un museo menor, pero en los almacenes hay unas diez veces más de obras de lo que se muestra. Cuando visitas museos como el Episcopal de Vic o el de Solsona, la sensación es que en cuanto al contenido estamos a la misma altura, pero la importancia que allí han dado a los museos es mucho mayor. El de Tarragona podría ser el buque insignia de la diócesis, como lo es el de Vic, pero por muchas cuestiones no ha sido posible.

Tenemos magníficas salas, capillas góticas preciosas, pero no permiten que el museo muestre todo su potencial, que es muy grande. Yo sigo en contacto con el equipo actual, y sé que lo ven por igual y harán todo lo posible para mejorarlo.

¿El objetivo es, por tanto, hacer un museo más grande?

Al principio, cuando se fundó, el arzobispo Antolín López Peláez, eligió este local del claustro de la Catedral, lo que fue un error porque le restó importancia y le quitó visibilidad. Ha habido intentos de sacarlo hacia fuera, de ubicarlo en otros lugares fuera de la catedral, pero desgraciadamente no lograron. Esto no quiere decir que el museo no tenga que estar junto a la catedral, pero debería ser independiente, es la opinión que siempre he tenido y he dicho, que el museo debería disponer de sus propios espacios, de sus propias dinámicas de entrada y salida… sería muy bueno para el museo y para los visitantes.

 

"LAS IMÁGENES RELIGIOSAS HAN DE TRANSMITIR ALGO MÁS DE LO QUE SE PUEDA VER EN OTROS MUSEOS"

 

Hoy en día, ¿qué función tiene un museo diocesano?

Lo importante a la hora de definir un museo diocesano es diferenciarlo de los otros museos de bellas artes, porque aunque tengan colecciones similares, el primero debe tener una función catequética. El mensaje que deben transmitir sus salas va más allá de la estética. Podemos ir al Prado, al Metropolitan de Nueva York, y encontraremos multitud de imágenes de la Virgen góticas preciosas, pero se muestran únicamente por su vertiente histórica y artística. Les falta esa vertiente que los museos diocesanos deben ofrecer a los visitantes, que es la de transmitir el mensaje evangélico. Las imágenes religiosas deben transmitir algo más que lo que puede verse en otros museos, aunque los visitantes sean creyentes o no creyentes.

Esta es la misión, y creo que siempre debe preservarse este papel catequético, enseñar la historia de la salvación, enseñar la Palabra de Dios… de la misma manera que lo hacían los artistas de las obras que se muestran.

Esto es precisamente lo que nosotros hemos intentado transmitir a los visitantes. Por ejemplo, la sala del Corpus Christi, remodelada en 2014, se aprovechó para mostrar mucha pintura gótica que se había restaurado, pero el montaje se hizo de forma que recuperaba el ambiente de una capilla gótica, con una nave central, donde el ábside de la capilla está presidido por un retablo dedicado a la Virgen. Intentamos crear un discurso en el que la gente pudiera apreciar varias escenas de la vida de Jesús, de María, de los santos, y que no se encontrara sólo con una serie de pinturas.

A veces, esta visión choca un poco con la de los diseñadores, pero nosotros, además de seguir las normas de la museología de hoy en día en cuanto a presentación, siempre hemos querido transmitir este mensaje, que debe ser el punto diferenciador de los museos diocesanos.