El escultor italiano Guido Dettoni della Grazia, establecido durante décadas en Barcelona y muy vinculado a los ambientes de espiritualidad y arte contemporáneo, ha muerto a causa de un infarto este viernes 6 de marzo. Tenía cerca de ochenta años y deja una trayectoria artística marcada por la búsqueda espiritual, la dimensión táctil del arte y una obra que circuló por iglesias, museos y espacios culturales de Europa y de todo el mundo. El funeral se celebrará el domingo 8 de marzo a las 13h en el tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona.
Nacido en Milán en 1945, hijo de una escultora y de un empresario, Dettoni descubrió muy pronto su vocación artística jugando con el barro en el parque del Castello Sforzesco de su ciudad. Aquellas primeras formas modeladas con las manos serían el germen de una intuición que marcaría toda su obra: la escultura como una experiencia física y sensorial, donde el tacto y la percepción interior tienen un papel central.
Un artista del tacto y de la espiritualidad
Tras una juventud itinerante, vivió en Alemania, Austria, España o Venezuela, Dettoni se estableció finalmente en Barcelona. Desde los años noventa se especializó especialmente en arte sacro contemporáneo, con una obra que buscaba hacer accesible la dimensión espiritual a través de formas simples e intuitivas.
Una de sus aportaciones más conocidas es la serie “María”, una escultura pensada para ser sostenida con las manos. La pieza, sin un rostro definido y abierta a múltiples interpretaciones —María con el Niño, María embarazada, la madre que acoge— se difundió por todo el mundo y se ha instalado en catedrales, iglesias y centros culturales de diversos países.
Esta voluntad de “mirar con las manos y tocar con los ojos” sintetiza su planteamiento artístico: una escultura que no solo se contempla sino que se vive, que invita a la oración y a la interioridad.
Su obra mantuvo una relación especial con la tradición franciscana y con espacios como Asís, donde su creación sobre el símbolo del TAU, la cruz asociada a san Francisco, adquirió una gran relevancia. También participó en exposiciones e iniciativas vinculadas a la reflexión espiritual sobre el arte contemporáneo.
Entre las instalaciones más simbólicas destaca también la presencia de la escultura 'María' en Lampedusa, colocada como un signo de acogida y esperanza en recuerdo de las víctimas de los naufragios de migrantes y como un homenaje a la solidaridad de la isla con los refugiados.
En Cataluña, su obra y su voz aparecieron a menudo en espacios de diálogo entre arte, espiritualidad y cultura, como cursos y jornadas del Museo de Montserrat o iniciativas culturales vinculadas a la Iglesia y al pensamiento contemporáneo.
Las manos como lenguaje
Dettoni desarrolló el concepto “Handsmatter”, una manera de entender la escultura basada en el contacto directo con la materia y en la participación del público. En muchas ocasiones trabajaba con los ojos cerrados o vendados, buscando que la forma emergiera de la relación entre el cuerpo y el material. Este gesto sintetiza su visión: el arte como un espacio de encuentro entre la materia, el cuerpo y el misterio.
En una entrevista en Catalunya Religió, Guido Dettoni defendía que la paz no es solo un discurso sino una experiencia que se debe construir con gestos concretos. Por ello creó la “Red de la Paz”, un proyecto participativo en el que las personas modelan con las manos una forma de cera mientras expresan su deseo de paz, convirtiendo la oración en materia. Después estas formas se fotografían y se comparten digitalmente para conectar personas de todo el mundo. El objetivo era crear comunidad y hacer visible que la paz se construye colectivamente, más allá de las palabras.