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(Laura Mor –CR) Como una especie de corredor de fondo del ecumenismo. Así presentan a Antoni Matabosch en el prólogo de su último libro, que se presentó el pasado jueves en la Facultad de Teología de Cataluña. Publicado en castellano en la colección Universalia de Sant Pacià Books, lleva por título El Consejo Mundial de Iglesias. El texto recorre la historia doctrinal de este organismo que, desde 1910 hasta el presente, "busca la unidad perdida" entre los cristianos. El acto de presentación contará con el autor, el crítico e historiador del arte Daniel Giralt-Miracle, el decano de la Facultad, Juan Torra, y el secretario del consejo evangélico de Cataluña, Guillem Correa. La ponencia se puede recuperar en este enlace.

"El Consejo Mundial de Iglesias 'inventó' el ecumenismo, que hasta entonces era una escándalo de confesiones enfrentadas", explica Matabosch. El libro ayuda a comprender el desarrollo del movimiento ecuménico y señala qué ha aportado el CMI. El teólogo y profesor emérito de la Facultad de Teología de Cataluña recuerda que "las principales intuiciones fueron asumidas por el Concilio Vaticano II". Y apunta la necesidad de la coexistencia, la cooperación y el compromiso como elementos claves para la comunión eclesial.

Observador y cronista

Capellán desde 1959, Matabosch asumió el diálogo entre confesiones cristianas como causa vital invierno de 1967. Fue el momento en que estudió la diplomatura en el Instituto de Estudios Ecuménicos de Bossey, cerca de Ginebra. Y participó como observador y cronista en varias asambleas plenarias del Consejo Ecuménico de las Iglesias. De hecho, es la única persona que ha asistido a siete de las diez asambleas celebradas entre Porto Alegre (2006) y Busan (2013). El libro también repasa, entre otras, las conferencias mundiales celebradas en Bangalore (1978) y en Cambridge (1979), la asamblea de Nueva Delhi (1961), Vancouver, Canadá (1983), Camberra (1991) y Harare, capital de Zimbabwe (1998).

El libro de Matabosch cuenta con el prólogo del obispo de Almería, Adolfo González Montes. Como presidente de la Subcomisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y Diálogo interreligioso, Montes señala que el CMI "no se propuso ser una super-Iglesia" con objetivo integrador. Y lo contextualiza en la Declaración de Toronto de 1950, que "garantiza la conciencia de la fe dogmática de cada una de las confesiones cristianas agrupadas en las grandes comuniones eclesiales".

Una convicción compartida

Para Montes "Matabosch ha mantenido siempre el equilibrio que lo caracteriza, ciertamente difícil, saber incorporar las mediaciones que reclama el mensaje cristiano en cada momento histórico sin perder la conciencia crítica de sus límites". El autor, de hecho, sigue el itinerario del CMI sin olvidar el contexto histórico que lo ha marcado cada etapa. Por ejemplo, describe el riesgo de politización que vivió en los años setenta.

La crónica detallada de Matabosch, que incluye los debates y diálogos de las asambleas y conferencias mundiales, lleva al obispo Montes a hacer una lectura optimista sobre el futuro del ecumenismo. Un optimismo que se basa en el hecho de que las iglesias comparten una misma convicción: "La dimensión ecuménica de la vida cristiana es irrenunciable".