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(Víctor Rodríguez –CR/Reus) Mientras transcurre la conversación con la directora, el timbre de la puerta no para de sonar. Los residentes entran y salen y hacen encargos. Vecinos y comerciantes contactan con la casa para llevar comida y víveres. El vecindario del centro de Reus la siente suya. Es, sin duda, un equipamiento plenamente integrado en el barrio y en la ciudad. 

El año que viene, la Casa de Misericordia celebrará un cuarto de siglo de vida siendo un lugar de consuelo y esperanza en el corazón de Reus: "En 2022 haremos 25 años y de alguna manera lo celebraremos. Sobre todo, seguiremos dando a los reusenses que están en la calle la oportunidad de un hogar", apunta la religiosa Teresa Maria Masdeu

La Casa de Misericordia está el centro histórico de Reus. Un espacio histórico muy especial. Es la casa donde nació Isabel Besora, la pastorcilla a quien se le presentó la Virgen, y hoy es hogar de acogida y de esperanza para los que lo han perdido todo.

La conocemos de la mano de Teresa Maria Masdeu (Reus, 1954). Es hermana de la consolación, enfermera con experiencia en el mundo educativo y directora de la casa desde hace 3 años. Esta religiosa reusense es el alma de un espacio que da cobijo a más de una veintena de personas sin casa ni familia. Hoy en día es el único equipamiento de acogida de larga estancia de la provincia de Tarragona y en el año 2020 fue galardonado con uno de los Premis Imprescindibles otorgados por el Canal Reus con el apoyo de vermuts Miró.

En las cunetas de los caminos

En 1992, la Asamblea de Cristianos de Reus hace la propuesta de crear un centro para acoger reusenses sin hogar. Una vez hecho realidad este proyecto, la Casa de Misericordia, los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca se hacen cargo hasta 2018, cuando abandonan la ciudad por la falta de vocaciones que afecta a buena parte de las órdenes religiosas.

Ante la necesidad de una congregación que asumiera la dirección, el prior de Reus pensó en las hermanas de la Consolación. Lo explica Teresa Maria Masdeu: "El Prior leyó nuestro capítulo general que tenía por lema 'Ser en las cunetas de los caminos' y nos llamó por si podíamos asumir la gestión". La madre provincial le dijo que sí y pidió a Masdeu que fuera la directora. "No podíamos decir que no porque atender a esta gente forma parte de nuestro carisma y porque nuestra fundadora, Maria Rosa Molas, era de Reus".

"Sin los trabajadores, voluntarios y el patronato esto no saldría adelante"

La Casa de Misericordia hace acogidas de larga estancia, no es un albergue de acogida temporal. Las veinticuatro personas que viven vienen derivadas por diferentes organismos que, junto con la dirección de la Casa, han estudiado y planificado su acogida: "En la Casa de la Misericòria no sólo atendemos a quien necesita un lugar para vivir, sino que trabajamos para la promoción autónoma de los residentes, posibilitando su inclusión en la sociedad de la manera más integradora posible y siempre velando por su dignidad", explica la directora. 

El equipamiento histórico, en el número 41 de la calle Hospital, cuenta en la planta baja con recepción, lavandería, despacho y sala de estar. En la primera planta está el comedor y la cocina mientras que en las plantas superiores se encuentran las habitaciones, una terraza y la capilla. 

La casa es titularidad de la Fundació Mare de Déu de Misericòrdia y su patronato se encarga de buscar los fondos para su sostenimiento. Un equipo de seis trabajadores lleva a cabo las principales tareas de limpieza y las comidas bajo la coordinación de la hermana Teresa Maria Masdeu. Ella forma parte de la comunidad de la escuela Maria Rosa Molas de Reus, formada actualmente por seis hermanas, muchas de las cuales también colaboran con la casa.

Aparte, hay que destacar los más de quince voluntarios que dan atención, apoyo y compañía a los residentes para promover sus relaciones sociales y su autonomía, ayudándoles a hacer gestiones ante la administración, trámites a menudo complejos.

La Covid pasa de largo

El confinamiento y la situación de pandemia en determinados entornos no es fácil y por eso tampoco lo fue en la Casa de Misericordia. Teresa Maria Masdeu, sin embargo, hace una valoración positiva: "Gracias a Dios no hemos tenido Covid en la Casa. Cerramos tres meses con los residentes dentro. La experiencia fue difícil y complicada pero a la vez enriquecedora".

Y es que el confinamiento conllevó también una mayor corresponsabilidad en el día a día, unas tareas que han continuado hasta hoy: "La Covid ha ayudado a las relaciones entre residentes, colaborando más en las tareas del hogar. Ahora, los voluntarios siguen colaborando pero desde el exterior, para evitar al máximo los contactos estrechos".

Una congregación ligada a la ciudad

Desde que las hermanas de la Consolación gestionan la Casa de Misericordia, esta congregación catalana extendida hoy por todo el mundo mantiene una triple presencia en Reus. En el ámbito de la enseñanza, gestionan la escuela Mare Rosa Molas. En cuanto al ámbito sanitario, la congregación tiene en la ciudad una enfermería para las hermanas mayores. Y en el ámbito social, gestionan la casa de Misericordia. Su fundadora, Rosa Molas, canonizada en 1988, nació en Reus en 1841 y en la misma calle, Hospital, inició su vida consagrada. En 1857 fundó las Hermanas de la Consolación, una congregación formada actualmente por unas 500 hermanas.