El monje de Montserrat ha presidido la celebración del 140º aniversario de la Misa de la Diada, organizada por la Liga Espiritual de la Madre de Dios de Montserrat y la Liga Joven de Montserrat
Las campanas de Santa María del Mar aún resuenan cuando los primeros fieles cruzan la Puerta de las Moreras, la entrada que mira directamente hacia el foso donde descansan muchos de los que murieron defendiendo Barcelona en 1714. En el interior, una gran Senyera preside el altar de una celebración que forma parte del calendario de la Diada desde hace más de un siglo. Es la misa iniciada en 1886, que la Liga Espiritual de la Madre de Dios de Montserrat promueve desde 1899, y que este año celebra su 140º aniversario, convertida en la única eucaristía que conmemora la Diada Nacional de Cataluña.
La nave gótica se va llenando lentamente de personas de todas las edades. Hay fieles habituales, personas que asisten cada Once de Septiembre y también una presencia significativa de jóvenes, muy especialmente de la Liga Joven de Montserrat, que han tenido un rol activo en la celebración. Entre los asistentes también hay representantes políticos, como Pilar Calvo, de Junts, en una convocatoria que mantiene vivo el recuerdo de todos aquellos que dieron la vida por las libertades del país.
Es una celebración realmente bella, no solo porque mantiene viva la memoria de quienes murieron defendiendo las libertades de Cataluña, sino porque, a medida que avanza la eucaristía, la basílica parece dialogar con lo que ocurre afuera: entre las plegarias y los cantos litúrgicos se filtran las músicas, las proclamas y el bullicio de la gente que se va reuniendo en el Fossar de les Moreres. El silencio solemne del templo y las melodías del órgano conviven con el pulso de la Diada en el exterior, convirtiendo la celebración en un puente entre la memoria religiosa y la memoria cívica del país.
Una celebración marcada por Gaudí y la visita de León XIV
La misa de este 11 de septiembre ha sido marcada también por dos eventos especialmente significativos para la Iglesia catalana y el país: el centenario de la muerte de Antoni Gaudí —quien fue presidente de la Liga y fue detenido precisamente cuando pretendía entrar en esta celebración en 1924— y la visita que el papa León XIV ha hecho a Cataluña. La vinculación con Montserrat ha estado especialmente presente, tanto por el carácter de la entidad convocante como por la participación del monje benedictino Jordi Castanyer, que ha presidido la eucaristía.
Castanyer ha concelebrado con ocho sacerdotes y dos diáconos. Entre los concelebrantes estaban Josep Maria Domingo, vicario general del Obispado de Sant Feliu de Llobregat; Salvador Pié, rector de Santa María del Mar, y Xavier Morlans, vinculado al Hospital de Campaña de Santa Ana. En este marco, la homilía ha querido partir del sentido cristiano del memorial para conectar la celebración eucarística con la memoria de quienes murieron en defensa de las libertades de Cataluña.
El monje ha comenzado la homilía reflexionando sobre el sentido del memorial eucarístico. A partir del relato de la última cena, ha explicado que Jesús pide a los discípulos que continúen haciendo el gesto de partir y repartir el pan para que sea "mi memorial", es decir, un recuerdo que hace presente a aquel que ya no está físicamente entre los suyos. Pero ha subrayado que la presencia de Cristo no queda limitada al culto.
Según Castanyer, el relato de san Juan sobre el lavatorio de los pies muestra que el memorial de Jesús también se concreta en la vida cotidiana. "Jesús se hace realmente presente en el pan y el vino de la Eucaristía pero también se hace, y no menos, en cada acto de servicio", ha afirmado, antes de remarcar que la celebración comunitaria de la fe no puede quedar separada del amor y del servicio a los demás.
Un memorial también para quienes murieron por Cataluña
A partir de esta reflexión, el P. Castanyer ha situado la conmemoración del 11 de septiembre en el terreno de la memoria. "Hoy estamos aquí para hacer en cierta manera otro memorial", ha dicho, en referencia a los hechos de 1714 y a sus consecuencias históricas. Ha recordado que la celebración que se hace en Santa María del Mar tiene precisamente el objetivo de mantener viva la memoria de quienes murieron defendiendo la libertad nacional.
El monje ha reivindicado que la Diada permite recordar los hechos de 1714 y las consecuencias que, a su parecer, aún tienen efectos en el presente. "En esta nuestra y querida Diada el pueblo catalán, con el entendido de que está formado por aquellos que hemos nacido y crecido aquí y por los que han venido y vienen de muchos lugares del mundo, recuerda con nostalgia, con indignación, con tristeza pero también con esperanza, aquellos hechos", ha afirmado.
En este sentido, Castanyer ha denunciado lo que considera un menosprecio histórico de Cataluña y ha vinculado esta cuestión con la doctrina social y moral de la Iglesia. Ha sostenido que la persecución o marginación de la nación y su lengua constituye una injusticia y ha defendido que el reconocimiento de los derechos de los pueblos no debe ir en detrimento de los demás.
"Lamentamos que nuestra nación y nuestra lengua y, de una manera especialmente dura, han sido menospreciadas y a menudo explícitamente perseguidas"
"Echando una mirada al pasado, muy o poco remoto, lamentamos que nuestra nación y nuestra lengua y, de una manera especialmente dura, han sido menospreciadas y a menudo explícitamente perseguidas", ha dicho. Para el monje de Montserrat, esta realidad ha tenido consecuencias en el desarrollo social, cultural y económico del país y no se puede separar de una reflexión cristiana sobre la justicia.
"¿Ni olvido ni perdón? ¡No, eso no!"
Uno de los momentos centrales de la homilía ha llegado cuando Castanyer ha abordado una expresión que, según ha dicho, ha adquirido una gran fuerza en los últimos años: "¡Ni olvido ni perdón!". El monje ha rechazado que esta sea una expresión compatible con la manera cristiana de entender la reivindicación nacional, sin negar por ello la necesidad de conservar la memoria ni de reclamar justicia.
"Un cristiano no puede alzar esta pancarta, proclamar este eslogan", ha afirmado. Castanyer ha distinguido así entre el olvido o la indiferencia ante las injusticias y el odio o la venganza contra quienes las han cometido, y ha defendido que la memoria debe ir acompañada de una actitud que excluya la venganza.
El P. Castanyer no ha planteado, sin embargo, una renuncia a la reivindicación. Al contrario, ha reivindicado "la queja, la reivindicación, la estrategia, la memoria activa, la lucha pacífica" y ha considerado necesarias "la firmeza en el diálogo, la tenacidad en la reclamación, el grito contra el abuso, la intransigencia ante la injusticia" e incluso "la rebeldía frente a una ley injusta, o justa pero aplicada injustamente".
"Un cristiano no puede alzar esta pancarta, proclamar este eslogan: ni olvido, ni perdón"
La frontera, según ha remarcado, se sitúa en el odio y la venganza. "Fuera el odio y la venganza, siempre", ha proclamado, antes de defender que una causa nacional puede sostenerse desde la firmeza y la determinación sin convertir al otro en un enemigo. En este punto, ha apelado directamente al Evangelio y al mandato de hacer el bien a todos y amar incluso a los enemigos.
Así, ha defendido una concepción de la reivindicación nacional basada en la serenidad y la actitud constructiva. "La firmeza en el diálogo, la tenacidad en la reclamación, el grito contra el abuso, la intransigencia ante la injusticia" pueden convivir, ha dicho, con "dominio de sí mismo, con serenidad de ánimo, con actitud constructiva".
La lengua catalana, "eje de lo que somos"
La situación de la lengua catalana ha ocupado también una parte destacada de la homilía. En plena Diada Nacional, Castanyer ha expresado su preocupación por la situación actual del catalán, que ha definido como "eje de lo que somos" y como una lengua que forma parte de la historia y la identidad del país. "Sí, la veo languidecida, poco respetada, o ignorada, por quienes están al frente de los países vecinos", ha afirmado. Al mismo tiempo, sin embargo, también ha señalado la responsabilidad de las instituciones catalanas, que, según él, deberían defenderla y promoverla con más determinación.
El monje ha advertido también que la responsabilidad no corresponde únicamente a los poderes públicos. Ha citado al poeta y músico vasco Joxean Artze para recordar que una lengua también depende del uso que hagan de ella sus hablantes y ha trasladado esta responsabilidad al conjunto de la sociedad catalana. La reflexión se ha extendido igualmente a la Iglesia. Castanyer ha considerado que algunos obispos y presbíteros deberían hacer más para que el catalán continúe siendo una lengua habitual en la celebración, la catequesis y la evangelización. En este punto, ha denunciado especialmente la situación que, según ha afirmado, viven muchos cristianos del País Valenciano en relación con su lengua.
"Es clamoroso y hasta contrario a los documentos eclesiales el abandono y el desprecio, en cuanto a la lengua, que sienten tantos y tantos cristianos del hermano País Valenciano por parte de sus jerarcas", ha afirmado. Castanyer ha cuestionado así que el valenciano pueda tener presencia en la vida cotidiana pero no en el ámbito litúrgico, y ha reivindicado el compromiso de la Iglesia con las lenguas propias.
Pobreza, corrupción y situación política
La homilía también ha ampliado la mirada más allá de la cuestión nacional y lingüística para abordar algunos de los principales problemas sociales y políticos de Cataluña. Castanyer ha señalado el aumento de los focos de pobreza, los gastos públicos que considera poco prioritarios y los episodios de corrupción como elementos que afectan la confianza de la ciudadanía en las instituciones.
"En una nueva Diada, y ya hace años, tenemos que lamentar tener en el exilio a un presidente del todo legítimo, una presidenta y otros políticos expedientados, condenados e inhabilitados", ha afirmado. También ha hecho referencia a un cantante que, según ha dicho, lleva más de cinco años en prisión "por decir verdades demostradas".
En este contexto, ha reclamado una voz más clara de la Iglesia ante este tipo de situaciones. "La Iglesia, todos pero lo esperamos también de nuestros pastores, no puede, no pueden, dejar de censurar, e incluso de condenar, estos hechos que nos avergüenzan", ha dicho. Castanyer ha defendido que esta denuncia debería tener la misma claridad que la que la Iglesia utiliza cuando se pronuncia sobre otros comportamientos que considera contrarios a la ética o a la moral cristiana.
Su argumentación ha sido explícita: "Subyugar una nación, sus derechos y su lengua, también atenta contra la moral cristiana". Por eso ha defendido que hablar de cuestiones nacionales y políticas en una homilía no es ajeno a la misión de la Iglesia cuando estas cuestiones afectan a la justicia, la dignidad de las personas y los derechos colectivos.
Santa María del Mar, "templo verdaderamente del pueblo"
Castanyer también ha incorporado una referencia al mismo espacio donde se celebraba la misa. Ha recordado el origen de Santa María del Mar, construida a partir de la iniciativa de la gente vinculada al mundo marítimo y a los trabajadores del muelle de la Ribera, los llamados bastaixos.
Ha definido la basílica como un "templo, pues, verdaderamente del pueblo", y ha remarcado que fue sufragada con los recursos y el trabajo de los mismos ciudadanos. En contraste, ha apuntado que la catedral de Barcelona, a pesar de ser también un edificio de gran importancia, estaba vinculada de una manera diferente a la monarquía, la nobleza y el alto clero.
Mirar al futuro "haciendo piña"
En la parte final de la homilía, el P. Castanyer ha querido completar la mirada sobre el pasado y el presente con un llamado a construir el futuro. Ha recuperado uno de los cantos de la celebración, "Pueblo de Dios, pueblo en marcha, juntos hacemos camino", para reivindicar una actitud de cohesión ante los retos del país y de la sociedad. "Necesitamos mirar al futuro", ha afirmado. En este futuro, ha pedido superar las divisiones internas y ha lamentado que la política catalana a menudo se encuentre marcada por las confrontaciones, que, según él, "frena, y mucho, en lugar de empujar". Con un lenguaje vinculado a la tradición castellera, ha invitado a "hacer piña" y, si es necesario, "con folre y manillas y puntales y todo" para levantar y construir. La imagen resume su propuesta final: mantener la reivindicación, pero orientarla hacia la construcción de un país más cohesionado.
Castanyer también ha relacionado esta mirada de futuro con los retos sociales, especialmente con la inmigración. A partir del texto de san Pablo proclamado en la primera lectura, ha reivindicado la esperanza, la solidaridad y la hospitalidad, y ha advertido contra las respuestas simplistas o demagógicas ante la realidad migratoria.
"Como cristianos, e incluso mirando nuestra historia, no podemos cerrarnos a la acogida, a la hospitalidad"
"Como cristianos, e incluso mirando nuestra historia, no podemos cerrarnos a la acogida, a la hospitalidad, a mirar a cada persona con respeto, con amor, si se quiere con ojos de Dios", ha afirmado. De esta manera, ha situado la defensa de la identidad nacional y lingüística en diálogo con una exigencia de acogida hacia las personas que llegan al país.
La misa, quizás una de las más concurridas de los últimos años, ha continuado y, como no podía ser de otra manera en una eucaristía convocada por la Liga, se ha recitado la visita espiritual y se ha cantado el Virolai. Terminada la celebración, aquellos que han llegado a primera hora -y los que se han incorporado después- para rezar por aquellos que tal día como hoy dieron la vida por el país, se agrupan y se saludan dentro de la nave haciendo comunidad. Porque, al fin y al cabo, la Diada nacional es eso: hacer comunidad.