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Vacunarse se ha convertido en los últimos meses en un tema de fe. Tanto es así que la mayoría de líderes religiosos se han visto obligados a posicionarse públicamente a favor de la vacunación para combatir el Covid-19, ya que un gran número de creyentes se mostraba en contra y hasta habían afirmado que no se vacunaría por considerarlo un acto en contra de su fe.

Des del Vaticano se publicó una nota firmada por el Papa Francisco para aclarar que “la moralidad de la vacuna depende del deber de perseguir el bien común”, y recomendó a todos los feligreses que se vacunasen sin ningún temor de ir en contra de la fe. Siguiendo su ejemplo, la mayoría de líderes católicos de todo el mundo que habían mostrado alguna reticencia con las vacunas recularon y aplicaron las instrucciones del papa.

No obstante, en otras comunidades religiosas ha pasado totalmente lo contrario, como es el caso de los judíos ortodoxos, que no creen en el distanciamiento social ni confían en la vacuna. En Israel, por ejemplo, uno de cada 100 adultos mayores de 60 años de la comunidad ortodoxa murió a causa del Covid-19 antes de aceptar las medidas del confinamiento y la vacuna. Solo después de una petición explícita del gobierno a los rabinos y líderes comunitarios se pudieron lanzar campañas de inoculación en los barrios ultraortodoxos, como por ejemplo una que presentaba la inyección como una ofrenda a Dios para que elevase al cielo las almas víctimas del coronavirus.

Tanto para los judíos como para los musulmanes, hubo además un rumor que en la producción de la vacuna se utilizaban partes del cerdo, que influyó negativamente en la aceptación de las vacunas, aunque rápidamente se explicó a las comunidades que, aunque fuera verdad, las moléculas de cerdo estarían sometidas a una transformación química tan severa que dejarían de estar prohibidas.

La desconfianza de los evangélicos de Estados Unidos

La mayoría de las personas que no se quieren vacunar por cuestiones de fe las encontramos en Estados Unidos, donde el 45% de los adultos evangélicos dijeron a finales de febrero que no se vacunaría contra el Covid-19. Esto hace que sea uno de los grupos demográficos menos propensos a vacunarse, según el Centro de Investigación Pew. Los motivos de esta desconfianza a la vacunación tienen un origen religioso, pero también están alimentados por un escepticismo cultural muy amplio hacia las instituciones políticas y por la creencia en teorías de conspiración.

Para revertir la situación y evitar que la pandemia se alargue, muchos pastores conservadores y líderes institucionales han mostrado su soporte a las vacunas. Franklin Graham, evangelista y misionero evangélico, dijo a sus 9,6 millones de seguidores de Facebook que Jesús estaría a favor de la vacunación. El pastor Robert Jeffres la elogió desde una perspectiva antiabortista en Fox News: “Hablamos que la vida dentro del útero es un regalo de Dios. Pues bien, la vida fuera del vientre materno también es un regalo de Dios”.

No obstante, en Estados Unidos también hay otras voces con mucha influencia que se muestran escépticas ante la vacuna, y esto hace que sea muy difícil reducir el número de personas que desconfían. Personalidades como la doctora Simone Gold, activista antivacunas, dijo a los miembros de una congregación evangélica de Florida que estaban en riesgo de estar “coaccionados a tomar un agente biológico experimental”, y el presentador de radio evangélico Eric Metaxas, que el 28 de marzo escribió en un tuit la frase “No se vacunen”, aunque posteriormente lo borró.

La divergencia de opiniones hace que sea muy difícil persuadir a los evangélicos que accepten la vacunación, hasta el punto que algunos pastores han estado expulsados de sus iglesias después de promover directrices de salud y vacunación.