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(Miquel Codolar –CR) Oussama llegó de Marruecos en avión hace tres años. Sólo tenía 21 años y muchos proyectos, pero nadie que lo escuchara ni lo tomara en serio. Pasó meses viviendo en las calles de Zaragoza, Tarragona, Logroño y Burgos. Durmiendo al raso, con una amigdalitis sin tratar, deambulando. Con miedo a los agentes de la policía. Esforzándose por evitar el alcohol y la droga y por vivir según su fe musulmana.

Oussama cuando está contento graba vídeos para superar las malas rachas. Recuerda especialmente lo que grabó hace año y medio, después de seis meses viviendo en la calle en Barcelona. Fue la primera noche que pasó en el piso de Bellvitge. Con una habitación para él solo, con café caliente, pudiendo salir a la terraza. Sus ojos brillan recordando a las personas que se interesaban por él y querían ayudarle, que no le ponían problemas para esperar a la puesta del sol para comer durante las semanas del ramadán.

Sus padres todavía no saben que estuvo unos meses viviendo en la calle. Le da vergüenza llamarles, porque todavía no les puede enviar nada, que es lo que dice que su familia necesita. Ahora ya sabe lo que es celebrar su cumpleaños y quedar con amigos. Está a punto de terminar los últimos exámenes para poder acceder a los estudios de Grado Medio. Se quiere ganar la vida ayudando a personas mayores o con diversidad funcional.

La entidad abrió sus puertas a más de 5.000 personas en 2021

Este martes, durante la presentación de la memoria anual de la Fundación Migra Studium, Oussama explicó con agradecimiento la acogida que desde el principio ha experimentado en esta entidad, que forma parte del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), una red de entidades del sector social de la Compañía de Jesús dedicadas al acompañamiento, servicio y defensa de las personas migrantes.

Durante 2021, la entidad ha abierto sus puertas a más de 5.000 personas, 1.198 de las cuales han participado en los programas de acogida, hospitalidad, formación y acompañamiento a personas migrantes y 3.799 en actividades de formación y sensibilización en diversidad y migración. Esta labor se ha realizado con un equipo de 252 personas voluntarias, 15 remuneradas y 7 en prácticas.

"En 2021 evitamos que 7.120 noches hubiera personas durmieran al raso", ha destacado la directora, Maria Carmen de la Fuente. Sin embargo, lamentó como "una espinita" las dificultades para acompañar a las personas que están en el Centro de Internamiento de Extranjeros de la Zona Franca. "Intentaremos romper este muro este año". Acompañaron a 21 personas al CIE e hicieron 26 acciones de defensa jurídica.

Intensificar, abrir, impulsar y visitar, los retos de este año

La labor del grupo de visitas en el CIE se ha centrado en la denuncia y visibilización de la realidad dentro del CIE durante este tiempo. Hasta mediados de junio de 2021 las visitas presenciales por parte de familiares y ONGs han sido prohibidas, y en otras ocasiones se han vuelto a prohibir por una mala gestión de la Covid-19. Algo que la entidad denuncia porque deja a la persona interna en una situación de absoluta vulnerabilidad.

El presidente de la entidad, Santi Torres, recordó la insistencia de la directora al reabrir después de la pandemia. "Ahora los retos no son asentar, acomodar, relajarnos, sino intensificar, abrir, impulsar y visitar", ha destacado. Este año quieren abrir un nuevo piso de hospitalidad, incrementar las visitas al espacio interreligioso de la calle Ciutat y recuperar la frecuencia de visitas al CIE, ahora que hace 10 años que la entidad empezó a realizar.

Cuando acaba la presentación de la memoria, Oussama recibe las felicitaciones por su testimonio por parte de varios de los asistentes. Hoy es un buen día para realizar un nuevo vídeo.