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(Lucia Montobbio/CR) Aurel Bunda vivió la revolución de Rumanía de cerca. Cuando empezó todo, en 1989, en Timisora, Aurel estaba realizando el servicio militar obligatorio. Al soldado raso le tocó custodiar edificios públicos, y formó parte de un grupo, en el que también había otros teólogos,  a los que se les ordenó salir a dialogar con los manifestantes.  Los disturbios derrocaron el gobierno comunista y autoritario de Nicolae Ceauşescu, que fue ejecutado junto a su mujer después de un juicio realizado por un tribunal militar.

Años después, Aurel Bunda, se trasladó a vivir a Barcelona con su esposa y su hijo mayor, nacieron dos más en la ciudad condal. Ahora es el rector de la Parroquia Ortodoxa de San Jorge, un centro de culto que recién ha abierto en el barrio de Navas. Un edificio de nueva planta, proyectado por los arquitectos Lluís Giménez y Elena Nedelcu. Entrevistamos a Aurel Bunda para conocer a la comunidad ortodoxa rumana en Barcelona, y a Lluís Giménez para conocer el esqueleto de esta parroquia.

¿Aurel, cuándo llegaste aquí y con qué misión?

A.B: Llegué a Barcelona en otoño del año 2000, en concreto el 8 de septiembre. La iglesia ortodoxa decidió enviarme aquí porque se necesitaban padres ortodoxos debido a la afluencia de personas de origen rumano que buscaban trabajo. Muchos migraron a diferentes países de Europa durante el primer decenio democrático de Rumanía. Tenía la misión de desarrollar mi trabajo pastoral misionero en Barcelona, y también la de fundar la parroquia de san Jorge.

¿Antes de que construyerais esta parroquia donde os reuníais?

A.B: En la iglesia de San Ferrán. El arzobispado nos cedió una pequeña capilla. En la misma parroquia también nos dejaban usar otras salas para poder celebrar la liturgia y el culto. Necesitábamos un espacio propio más grande, cada vez éramos más, y aquella capilla se nos quedó pequeña. Los primeros años intentamos encontrar un espacio más asequible para el desarrollo de la misión, pero fue imposible. En 2003-04, 2005-06 se cristalizó la opinión de los fieles, hacía falta un espacio propio, estábamos demasiado apretados y era urgente encontrar otro lugar. Por fin, en 2007, encontramos nuestro espacio en el barrio de Navas para el primer templo ortodoxo en Barcelona, en la calle Capella 25, una calle poco concurrida pero muy bien conectada, estamos cerca de la parada de metro Camp de l’Arpa.

¿También será en la iglesia de San Ferrán donde os conocisteis?

LL.G: Sí, con mi esposa habíamos asistido a liturgias en la parroquia Sant Ferran, y fue en 2007 cuando quisimos bautizar a nuestro primer hijo. Al contactar con el padre Bunda, nos contó que buscaba arquitecto para la nueva iglesia y fue una casualidad que nosotros estuviéramos allí. Al día siguiente empezamos con el proyecto.

¿Cómo han recibido los vecinos la construcción de esta parroquia?

A.B: Muy bien desde el principio. Hemos pasado para hablar con los vecinos, puerta por puerta. Los vecinos nos han dado el visto bueno para construir nuestra iglesia aquí. Piensa que este solar estaba en muy mal estado, era una fuente de infección constante, así que en este sentido era fácil mejorar el estado de la zona y ser bienvenidos. Los vecinos han conocido de cerca el proyecto y la idea. Además hacemos exposiciones, actividades culturales, lanzamientos de libros, participamos en la Noche de las Religiones de AUDIR… así nos acercamos a los vecinos. Muchos vecinos vienen para ver el templo e incluso participan en nuestro culto.

LL.G. La iglesia es un edificio pequeño, cargado de simbolismo para los creyentes rumanos. Pero también se está transformando en un humilde monumento para el vecindario, quienes lo admiran y disfrutan ya que estará abierto durante todo el día a todos los ciudadanos. Es un ejemplo de regeneración del interior de una manzana de casas con un nuevo equipamiento para el barrio que aspira a ser el centro cultural difusor de la lengua, tradiciones y cultura rumana de Barcelona.

¿De qué capacidad y equipamiento dispone la iglesia?

LL.G: Se trata de una iglesia cristiana de culto ortodoxo, religión mayoritaria en muchos países del este europeo. En este caso, el templo pertenece a la Iglesia Ortodoxa Rumana, que es autocéfala con Patriarcado propio en Bucarest. La arquitectura actual de las iglesias ortodoxas rumanas es el resultado de una larga tradición que parte de los antiguos modelos bizantinos. Cada componente arquitectónico da respuesta a las necesidades del culto y han creado un estilo propio que se ha preservado durante siglos y que los fieles identifican con su religión. De esta manera, la mayoría de los templos construidos los últimos años en Rumanía, y fuera de ella, se inscriben igualmente dentro de la misma línea.

La Iglesia de San Jorge se puede dividir en tres partes: el templo propiamente dicho como edificio aislado donde celebrar el culto, útil para unas 300 personas; el edificio anexo que hace de medianera e incluye dependencias de la parroquia, y el sótano, también hábil para unas 300 personas y que contiene la sala de actos, una biblioteca, y otros servicios, además de conectar los dos edificios bajo tierra.

¿Cómo se han financiado las obras?

A.B y LL.G.: Las obras son financiadas únicamente por aportaciones de los creyentes de la parroquia y ayudas puntales del gobierno rumano. Aunque las obras empezaron en 2011, van al ritmo de las donaciones que recibe y se espera acabarla en los próximos meses.

¿Abrir nuevos centros de culto no es fácil en Barcelona, cómo conseguisteis que os dieran el permiso? 

LL.G: Realizamos una labor intensa y continua desde el primer momento para explicar a la administración las necesidades, funcionamiento y particularidades de este centro. Ante todo, hay que decir que el terreno lo había comprado la Iglesia Ortodoxa Rumana en el mercado libre. Después se redactó un Plan Especial para adecuar el solar calificado de equipamiento y que hiciera cumplimiento de la ley catalana 16/2009 de centros de culto. El Plan Especial se aprobó por unanimidad en el plenario del Ayuntamiento de Barcelona, en diciembre de 2009. Más tarde se obtuvo licencia para poder realizar la obra y ejercer la actividad. Fueron pasos lentos dentro de un proceso normal de tramitación de licencia, siempre en colaboración con la administración, cuyo resultado es un edificio propiedad de la Iglesia Ortodoxa que no ha recibido ninguna ayuda ni subvención de este país para su construcción.

¿Cómo es tu día a día como pastor en este edificio?

A.B.: Todos los días estoy a la disposición de los fieles, de los rumanos, en la parte espiritual, de oración, pero también cuido de la construcción de la iglesia, toda la burocracia, administración, estamos al final pero aún quedan acciones por realizar. También me preocupo mucho de la parte social, la iglesia es el principal punto de sociabilización de los rumanos. Además también ayudo a encontrar trabajo, hemos conseguido más de 900 plazas de trabajo para los ciudadanos rumanos en Barcelona. Lo más importante, por eso, es la dedicación de la liturgia. Cada día trabajo mucho, de 9 de la mañana a 10 de la noche.

Todo esto combinado con el tiempo que dedicas también a tu familia. ¿Cómo es que os podéis casar los pastores ortodoxos?

A.B: Los ortodoxos seguimos la antigua tradición. Me gustaría recordar, que antes, también los padres católicos se casaban, tenían una mujer e hijos. Fue después de 1703, con la reforma que vino con Gregorio VII, que esto se perdió en el mundo católico.  En 1074, Gregorio VII empezó el proceso de decir al sacerdote occidental que no podía tener familia, y apareció el celibato como obligación. Durante medio siglo se trabajó sobre este tema, hasta que en 1131 se constituyó como voto obligatorio en el catolicismo. Antes, todos se casaban, tanto en oriente como occidente. El celibato en el mundo ortodoxo también existe, pero sólo lo realizan los monjes en el mundo monástico.

¿Qué relación tenéis con las otras comunidades ortodoxas que viven en Barcelona?

A.B: Tenemos una unidad con todos, los griegos, los rusos, los búlgaros, tenemos diálogo aquí en Barcelona. Celebramos juntos, no existen diferencias de culto entre nosotros a causa de origen geográfico. Las diferencias son las tradiciones de cada tierra, pero nada que ver con el culto.

Aurel, antes has dicho que estáis al final del proyecto, pero que faltan cosas por acabar. ¿Qué es lo que falta en la parroquia de San Jorge?

A.B: Por ejemplo, en el interior falta la realización de las pinturas de las paredes, los frescos románicos, los artistas pintarán con la misma técnica empleada en la Edad Media, con colores y decoración propia del mundo ortodoxo, destacará el pantocrátor que se dibujará encima del altar. Será parecido a los frescos que se pueden ver en la Valle de Boí. Además, cuando empecemos a realizar los frescos, queremos ofrecer a la par un taller abierto a todo aquél que esté interesado en aprender la técnica medieval.

LL.B: Actualmente el sótano y el edificio anexo están acabados y falta por finalizar una parte de la fachada de la iglesia, sus acabados, una parte de las instalaciones y el acceso principal con una pequeña plazoleta de entrada.

¿Hay alguna característica arquitectónica que quieras destacar?

LL.B: Exteriormente destaca la linterna o cimborrio con su sombrero, que juntamente con las arcuaciones de fachada son típicas e identificadoras de la mayoría de iglesias rumanas. Interiormente, destaco los arcos y las bóvedas que cubren la nave, de gran complejidad geométrica y que servirán en el futuro de base para cubrirla con la puntura del freso. En el sótano, las bóvedas tabicadas de ladrillo, hacen un guiño a la arquitectura más mediterránea, intentando conjugar las dos culturas ya que ambas son latinas.

¿Os habéis inspirado en alguna iglesia ortodoxa?

LL.B: La importancia que da la ortodoxia en mantener la tradición arquitectónica implica que todas las iglesias de nueva planta, inevitablemente, se tengan que parecer. La rígida disposición de sus partes ayuda en este sentido, y es así que en Rumanía se pueden encontrar muchos ejemplos inspiradores y casi idénticos. Puntualizando más, exteriormente la iglesia de Barcelona se parece más a las de la región de Valaquia y la solución de las bóvedas interiores a la de la región de Moldavia.

¿Y, por qué la dedicación a San Jorge?

A.B.: San Jorge es importante en el mundo cristiano en general, y en el ortodoxo también. Este santo tiene un peso espiritual. Antes de entrar en Barcelona, pensé mucho en el nombre, con cuál podíamos sellar el nombre de la parroquia. A las puertas de Barcelona, el nombre de san Jorge vino con más fuerza a la cabeza, y lo tuve aún más claro cuando conocí luego la importancia de San Jorge en esta ciudad: Sant Jordi. Qué bonita es la diada.