Pasar al contenido principal
Autories
missioner-claretià
Fotografia: Claretians.

html

Nacido en el antiguo vecindario de Salt (Girona) el 10 de mayo de 1944, el misionero claretiano Lluís Garcia cumple este año cincuenta años de misión en Brasil. Lo hace coincidiendo con una estancia de Navidad en Cataluña, ha sido entrevistado por la Provincia Claretiana de San Pablo. 

Garcia llegó a Brasil el 28 de noviembre de 1975, enviado por la Provincia Claretiana de Cataluña junto con Francesc Trilla, después de un primer periplo misionero por Guinea Ecuatorial y Camerún. “No nos pudimos quedar en Guinea por problemas políticos y, finalmente, llegamos a Brasil, donde nos ofrecimos al obispo para ir donde más se necesitara”, explica.

Cuando llegó allí, todavía no era sacerdote. “Fui como hermano, y fue sobre todo una monja quien me animó a estudiar teología en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro”, recuerda. Fue ordenado sacerdote el 10 de septiembre de 1980. Este año, por tanto, celebra también 45 años de sacerdocio.

“Tenemos ocho comunidades en la ciudad y cuarenta y dos en zonas rurales”

Actualmente, vive en São Miguel do Guaporé, en el estado de Rondônia, donde la comunidad claretiana atiende una parroquia de 27,000 habitantes dispersos en un territorio de 7,800 kilómetros cuadrados. “Tenemos ocho comunidades en la ciudad y cuarenta y dos en zonas rurales”, detalla. La realidad social de la zona está marcada por la presión de los grandes cultivos y los cambios demográficos: “En las llanuras, la gente se va por los cultivos intensivos y la concentración de tierras; en cambio, en las zonas montañosas, la población se ha mantenido más estable”.

El trabajo pastoral se desarrolla en equipo con Francesc Trilla, Josep M. Sala, un diácono permanente y tres monjas. Entre todos, atienden una cincuentena de comunidades. “Nos las repartimos y procuramos visitarlas todas cada mes. Por las tardes celebramos la eucaristía y por las mañanas hacemos formación, gestión y atención pastoral”, señala Garcia.

 “Íbamos en barca por los ríos Mamoré y Guaporé para visitar los pueblos”

Recuerda que los primeros años fueron especialmente duros. “Íbamos en barca por los ríos Mamoré y Guaporé para visitar los pueblos. Solo en los primeros años fundamos media docena de iglesias: fue una etapa de mucho trabajo y mucha esperanza”, explica.

Según el misionero, el carisma claretiano se concreta en la creación y el acompañamiento de comunidades vivas. “Nuestra misión es anunciar el evangelio, formar catequistas y agentes de pastoral y ayudar a la gente a vivir la fe con alegría”, afirma.

Desde Cataluña, observa con perspectiva la realidad eclesial. “Allí, como aquí, hay comunidades más vivas que otras, pero en Brasil la gente es muy responsable de su comunidad”, dice. Finalmente, dirige un mensaje a los jóvenes: “La Iglesia es universal. La fe no nos la podemos quedar para nosotros. En cualquier lugar hace falta espíritu misionero”.

Us ha agradat poder llegir aquest article? Si voleu que en fem més, podeu fer una petita aportació a través de Bizum al número

Donatiu Bizum

o veure altres maneres d'ajudar Catalunya Religió i poder desgravar el donatiu.