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(Claretians) La experiencia en Japón del misionero claretiano y obispo auxiliar de Osaka Josep Maria Abella le lleva a concluir que la evangelización es imposible sin el diálogo y la escucha. Es una de las reflexiones de la conferencia sobre la Iglesia en Japón que hizo este sábado en la Sala Claret de Barcelona durante su estancia en Cataluña.

“El camino de la evangelización en Asia es el diálogo”, asegura. El diálogo con las culturas, con las religiones, y con los pobres y marginados, que aún hoy son la realidad mayoritaria en Asia.

Respeto por el hecho religioso

“En Japón hay un respeto fundamental por el hecho religioso. No se bromea” explica Abella. La relación con Dios “no les estorba”. Pero esto conlleva que tampoco “les cuestione en su vida” y que haya “un sentido de pertenencia mucho más difuminado”. Es frecuente ver parejas no cristianas que piden a la Iglesia la bendición del matrimonio, así como la asistencia a oficios católicos de personas que no son cristianas.

El obispo Abella explica que en este contexto es muy difícil hacer llegar el mensaje de Jesús, del que necesariamente se deriva un compromiso. Por ello, su experiencia en la pequeña comunidad católica en Japón le ha mostrado que la evangelización sólo es posible a través de “un diálogo que comienza por escuchar”, donde puedan ir apareciendo “las preguntas fundamentales”. “Si no vas a fondo, la transmisión de la fe es imposible” y todo queda en la “transmisión de un ritual”.

Esta evangelización en sociedades donde se ha extendido “la globalización de la indiferencia” pide “tener paciencia y no dar respuestas, sino acompañar en la búsqueda de la respuesta”. Es en este diálogo y acompañamiento que hay que tener claro “que nosotros en la búsqueda de la respuesta aportamos el Evangelio y el encuentro con Jesús”. Se trata de hacer ver que “acompañados de Jesús siempre podemos encontrar a alguien que nos ama”. Una propuesta en la desarrollada sociedad japonesa que también tiene sentido en el occidente secularizado.

La transmisión del cristianismo se hace en un país que “ha construido su relación con la divinidad de una manera diferente”. Un contexto que “exige una profunda convicción sobre la propia fe y al mismo tiempo una actitud de apertura y humildad”. Por ello, el obispo Abella también lamenta “el daño que hacen los grupos fundamentalistas” que propagan una lectura literal y normativa de la Biblia. La propagación de esta visión deformada del cristianismo es un problema porque “luego los japoneses no hacen distinciones entre cristianos”.

 

El país con más mártires de Asia

La Iglesia en Japón es hoy una realidad minoritaria que representa el 0,3% de los habitantes. A estos 420.000 japoneses católicos, se suman unos 400.000 más inmigrantes.

El padre Abella destaca que esta Iglesia está muy marcada por los mártires, “el país con más mártires de Asia”. Abella remarca que “el martirio es una afirmación de dignidad: me lo podrán tomar todo menos mi dignidad porque está sostenida por alguien más grande que el poder de quien nos quiere tomar la fe”.

En el tiempo de San Francisco Javier, en el siglo XVI, hubo hasta un 8% de la población católica, pero las persecuciones comportaron que durante más de dos siglos no hubiera ningún misionero en Japón. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un nuevo rebrote del cristianismo en Japón, que hoy no se escapa de la secularización en una sociedad muy envejecida.   

Una iglesia minoritaria

 

La Iglesia en Japón, que nunca se ha apoyado en ningún poder, tiene muy presente la experiencia de minoría. “Cuando la Conferencia Episcopal de Japón hace una declaración no tiene ningún eco”, explica. En cambio, Abella sí que cree que tendrá eco la visita del papa Francisco prevista para el próximo año. La presencia papa Francisco podrá reforzar el discurso de la Iglesia en Japón sobre la paz, con la experiencia de Hiroshima y Nagasaki, y del respeto a la creación, tras el desastre nuclear de Fukusima.

Asimismo, en este momento en Japón se debate cambiar el artículo de la Constitución que prohíbe las guerras invasivas. Según Abella, lo que sería necesario es que “la prohibición de la guerra de invasión estuviera en todas las constituciones del mundo”.

Finalmente, el testigo de la Iglesia en Japón también pasa por estar al lado de los marginados y promover la vida. A pesar de ser un país con un alto nivel de vida, Josep Maria Abella explica que “cuando eres marginado en un lugar con pocos marginados, aún eres más marginado porque se te señala más como marginado”.

Nacido en Lleida, Josep Maria Abella llegó a Japón en 1973 donde vivió como misionero claretiano durante 18 años. Después durante 24 años estuvo en Roma en diversas responsabilidades en el gobierno general y como superior general de los Misioneros Claretianos de 2003 a 2015. Hace tres años, después de esta experiencia internacional que lo llevó por todo el mundo, volvió a Japón. En junio de este año el papa Francisco lo nombró obispo auxiliar de Osaka.